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Tras los incidentes nacieron las peleas por el papel policial

Por Daniel Gallo - 7 de Noviembre, 2005, 1:08, Categoría: Cumbre mundiales

El día después de los incidentes en Mar del Plata, se iniciaba una polémica sobre el tiempo que tardó la policía en actuar. Cuarenta minutos tuvieron los grupos anarquistas para destrozar a voluntad los comercios sobre la avenida Colón. Y fueron luego 16 cuadras las afectadas por los activistas. El ministro del Interior, Aníbal Fernández, indicó ayer que la directiva fue "evitar un conflicto mucho mayor".

 

En las declaraciones públicas, el principal funcionario político de la seguridad nacional buscó dar a conocer su apoyo a las fuerzas que actuaron en Mar del Plata. Quienes conocen su pensamiento íntimo saben que en los últimos días tuvo fuertes divergencias con el ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanian. En el Ministerio del Interior piensan que la policía bonaerense no estuvo en el lugar donde debía estar, tal como sucedió en Haedo hace pocos días.

 

En esa ocasión, Fernández ordenó a la Gendarmería que fuese a la estación ferroviaria a controlar el desborde sin esperar el pedido de auxilio de Arslanian. "No se decidía más y Aníbal Fernández les dijo a los gendarmes que entraran", comentó una fuente que supo de las conversaciones entre Fernández y su par bonaerense.

 

En Mar del Plata se dio una situación similar. Las calles exteriores al vallado debían ser controladas por la policía bonaerense. Y fue finalmente el grupo de choque de la Policía Federal el que irrumpió entre los violentos.

 

De todas maneras, Fernández no quiso hacer público su real pensamiento en las horas en que terminaba el operativo de seguridad de la cumbre. Les había prometido a los hombres del comando unificado que los respaldaría. Lo hizo ayer con un gesto concreto: visitó el puesto de mando y felicitó a la plana mayor. Un fuerte aplauso cerró la arenga del ministro.

 

El ministro se dirigía a la cena oficial de presidentes, con el intercomunicador policial colocado en la oreja; parecía un hombre del servicio secreto. Fernández ya había dado en los primeros días del operativo un concepto a los oficiales: "Yo no soy policía, ustedes dicen cómo se hace y yo digo si se hace; pero que me entere de todo". Durante los incidentes transmitió un mensaje: que no se dé una lucha cuerpo a cuerpo.

 

Mal momento para pelear

 

El intendente Daniel Katz tampoco estuvo conforme con la demora policial. Ayer se mordía los labios para no ponerle apellido a su enojo, pero se dirigía a las autoridades bonaerenses.

 

"Habríamos sido más felices si no hubiese habido ningún desmán, pero fue reducido a su mínima expresión y ahora tenemos que resolver los problemas de los afectados y dar por terminado el asunto", dijo Fernández.

 

La interna entre los mandos políticos de seguridad del Gobierno y de Buenos Aires, se dio en el peor momento. Y Mar del Plata pagó un costo que bien pudo ser menor.

 

Luego, los marplatenses recibieron una noticia que esperaban desde el jueves último: empezaban a quitarse las vallas que dejaron aisladas 250 manzanas de esta ciudad. Luego de los destrozos, los anarquistas desaparecieron de la ciudad tan fácilmente como llegaron.

 

Para muchos habitantes, fue la primera vez en varios días que pudieron acercarse a la rambla frente al casino. Y no perdieron la ocasión de hacerlo mientras continuaba en el hotel Hermitage el presidente Néstor Kirchner.

 

De todas maneras, fue notable cómo disminuyó el celo del operativo de seguridad que incluyó a más de 9.000 hombres de la seguridad y otros 2.000 de las Fuerzas Armadas desplegados en las bases aéreas y en los buques de la Armada. Unidades de la Gendarmería iniciaban su repliegue. De a poco, Mar del Plata recobra su normalidad.

 

Anteanoche, en el hotel República, el presidente venezolano, Hugo Chávez, daba la impresión de ser el mandatario que más cómodo se sintió en la cumbre. Su equipo de protección, cuyo número es impreciso, pero que varias de las principales fuentes de la seguridad argentina, calculan en más de 400 hombres, tuvo el control del acto que se hizo en el estadio Mundialista. Allí no hubo internas entre las fuerzas federales y provinciales argentinas, porque no estuvieron en el lugar reservado para el credo chavista.

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