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El extenso derrotero para intentar un acuerdo que finalmente nunca llegó

Por Armando Maronese - 7 de Noviembre, 2005, 0:59, Categoría: Cumbre mundiales

Eran posiciones conocidas; la de Estados Unidos, Canadá, México, por un lado, y la de Mercosur, por el otro, con Venezuela en su extremo.

 

Cuando comenzó la semana, y con ella las reuniones iniciales de la cumbre, los delegados de los países de la región eran conscientes de que la mención del tratado de libre comercio en el documento produciría confrontación.

 

Los mensajes de presión entre uno y otro grupo se habían sucedido los meses anteriores. El bloque del Norte llamaba al resto de los países a que acordaran negociar después de 2006 la integración comercial continental. El grupo del Sur, advertía que eso no sería posible si, antes, las potencias económicas, sobre todo Estados Unidos, no revisaban sus subsidios agrícolas.

 

Las posiciones eran firmes, siempre lo habían sido. Pero poco hacía pensar que esos antagonismos crecerían, durante la semana pasada, como una bola de nieve, que incluiría inesperadas recriminaciones públicas, malas caras, gritos presidenciales, llamadas de último momento, y fundamentalmente el riesgo tangible de que, por primera vez, una Cumbre de las Américas terminara sin un documento final.

 

Apenas llegaron a Mar del Plata, los delegados y coordinadores de los 34 países se encerraron a discutir con tedio pero sin piedad la letra chica. Durante dos días, hasta el miércoles, pulieron temas controvertidos sí, pero nunca tanto como el ALCA.

 

Adentro de los hoteles, la integración desvelaba a los negociadores; afuera, en Buenos Aires y en Washington, irritaba a los respectivos gobiernos. La tensión se agudizaba.

 

Ese día, el secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, advertía que su país no cedería en el intento de integrar comercialmente la región. Desde la Casa Rosada, aceleraba la escalada y ordenaba a los negociadores argentinos que incluyeran en el borrador del documento un párrafo que indicara que el ALCA no había funcionado, pero que el Mercosur se comprometía a explorar nuevas formas de integración.

 

El bloque del Sur afirmaba su resistencia como pocas veces, sólo un día antes de la llegada de Bush al país.

 

La respuesta vendría desde el aire un día después. A bordo del Fuerza Aérea 1 y en camino a la Argentina, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, llamó a Rafael Bielsa para sugerirle que destrabara las conversaciones.

 

A las 20 del jueves, Bush aterrizaba en Mar del Plata, en su primera visita a la Argentina. Era una oportunidad no sólo de apurar la integración económica sino también de mostrar a la región que ella sí está en su agenda.

 

"Muchos dicen que yo ignoro a América latina; eso es bullshit (sandeces)", decía a sus pares de Ecuador, Perú y Colombia, según un funcionario de uno de esos países.

 

Estallido

 

El arribo de Bush precedió el disparo que haría estallar la tensión diplomática por el ALCA. Pero no llegó desde la comitiva de Estados Unidos sino de la de Méjico.

 

El viernes, el presidente Vicente Fox amaneció enojado con el Mercosur y con Kirchner. Y lo hizo saber.

 

Advirtió que el ALCA podría fácilmente existir sin Brasil, la Argentina, Uruguay y Paraguay. Así, no sólo desafiaba al presidente anfitrión, sino que subía la apuesta del bloque pro ALCA en las negociaciones por el documento final, todavía estancadas.

 

Lo que seguiría serían casi 40 horas de enfrentamientos presidenciales poco esperados. Kirchner tenía otros frentes abiertos. El primero fue la cruda reunión con Bush, que dejó a ambos mandatarios serios y con parcos elogios.

 

Horas más tarde, Kirchner inauguró la cumbre con reproches al FMI y a la integración comercial; sus palabras dejaban entrever que su posición en las discusiones no cambiaría.

 

Su discurso fue enérgicamente aplaudido por Hugo Chávez, enemigo número uno del ALCA y moderadamente por Bush. Fox, en una actitud inusual, se mantuvo sin mover las manos. Reflejaba su enojo.

 

Siguieron las deliberaciones y llegó la comida presidencial, escenario de sospechosas ausencias. Ni Fox, ni Chávez, estaban en el Casino.

 

Mientras tanto, el fantasma de un fracaso en la cumbre crecía y no pocos mandatarios, entre ellos el chileno Ricardo Lagos y el canadiense Paul Martin, aprovechaban los rincones del Casino para intermediar.

 

Las ácidas discusiones del día siguiente incluyeron negociaciones de pasillo de Uribe, gritos de Kirchner a Fox y la negra sensación de que el fracaso se acercaba. Pero el consenso llegó, ambiguo y nunca tan discutido.

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AM

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