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Alas blancas para que un niño suba al cielo

Por Rita Griselda Nieva - 5 de Noviembre, 2005, 0:44, Categoría: Campo - Pueblos - Ciudades

Vigencia, en el norte de la Argentina, de una ancestral celebración en la que la muerte de una criatura de corta edad, libre de todo pecado, da lugar a un rito de peculiares formas.

 

Amaicha del Valle, es una comunidad indígena de unos 7.000 habitantes. Ubicada en la región del Valle Calchaquí, en Tucumán, preserva tradiciones de culturas milenarias, entre las que se destacan ritos de invocación a los dioses considerados dueños del lugar.

 

En determinadas épocas del año, algunas de esas fascinantes prácticas atraen a vecinos y a turistas extranjeros que buscan comunicarse con la naturaleza, vivir unos días en su contacto y descubrir sus más íntimos rincones.

 

Mi paso por la escuela -en la modalidad turismo-, me ha permitido guiar al que nos visita y, por las noches, alrededor de un fogón, acaparar su atención con las historias y cuentos que recogí de las abuelas. De esta forma intento mantener viva la memoria de la región.

 

Para acercarlos a este lugar y a su gente, compartiré con ustedes una breve descripción de lo que se conoce como el velorio del angelito.

 

Esta curiosa celebración, que se realiza al fallecer algún niño de la comunidad, reúne a propios y ajenos, que dan muestras de gran solidaridad con la familia afectada. Tal como cuenta don Félix Coluccio, en "Diccionario folklórico argentino", se trata de una práctica de las localidades vallistas.

 

Los padres del niño, si sus medios lo permiten, celebran un homenaje al que concurren sus vecinos. Los primeros en recibir la noticia del fallecimiento son los padrinos. Sólo después, se anotician los demás.

 

El papel de la madrina es fundamental. A ella le corresponderá arreglar al muertito. Colocará en el techo de la habitación donde será velado, una sábana que representará el cielo.

 

Flores de papel

 

El pequeño cajoncito será colocado sobre una mesa, con un mantel al que se prenderán flores multicolores hechas con papel, que simularán un jardín. Al niño le atarán un cordón a la cintura, con los nudos correspondientes a los misterios del rosario.

 

Según dicen, cuando muera la madrina y ésta alcance el Purgatorio, el angelito podrá arrojarle su cordón para que ella pueda asirse de él y así llegar al Cielo. El muertito llevará también alas blancas -confeccionadas con papel-, y un vasito -si es de plata, mejor-, para que calme su sed durante el viaje al paraíso.

 

El padrino construirá una escalerita, que colocará junto al cajoncito, para ayudarlo a subir. Una vez engalanado, el muertito está en condiciones de recibir a sus amigos. Los niños vecinos y los que se enteraron de "la muerte de un angelito" rodearán la mesa para cantar y bailar.

 

La gente mayor, por su parte, celebrará la ascensión del niño al Cielo durante toda la noche, con música y bailes, licores, coca, mate o café. El baile comenzará a las 12 de la noche, con una apertura muy emotiva, a cargo de los padrinos, quienes balancearán al niño en sus brazos, a modo de despedida.

 

Luego se tirarán cohetes (cuidando de no quemar las alitas del angelito), se gritarán salmos, se elevarán oraciones y villancicos.

 

El aire se llenará de luces y ruidos. En el pasado, los vecinos pedían el cuerpito para velarlo en sus casas, encargarle sus deseos y su protección. Hoy en día sólo velan al niño en su casa y lo entierran al día siguiente.

 

La fiesta continúa -después de volver del cementerio-, con pastelitos fritos, aloja y poleo hervido con aguardiente.

 

Es interesante señalar, además, que los concurrentes al velorio del angelito, acostumbran cada uno "echarle un nudo", es decir, hacer un nudo de los cordones o piolas que penden del ataúd, con la intención de que el finadito les rece una oración con la que ha de obtenerse una gracia.

 

Sin llanto

 

Según indica la tradición, a los angelitos no se los llora; durante el velorio pueden prenderse una vela o dos, no más; no se realiza misa pues se considera que no tienen pecado original; en algunos casos, se interpreta un tema musical en el cementerio, a modo de despedida.

 

Según creencias populares, los niños que fallecen antes de ser bautizados se convierten en duendes. Todavía subsiste la costumbre de pintar y enharinar al angelito. En Amaicha, he visto ponerle coronas.

 

* Esta nota obtuvo el Segundo Premio en el Concurso Rincón Gaucho en la Escuela. La autora es alumna del 2° Año del Polimodal en la Escuela Agrotécnica Amaicha del Valle, Departamento Tafí, Tucumán.

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