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Lula, la llave de EE.UU. para encerrarlo a Chávez

Por Jorge Elías - 3 de Noviembre, 2005, 0:30, Categoría: EE.UU. y sus acciones

El gobierno de Bush replantea sus prioridades en la región. Cerca de George W. Bush nadie quiere recordar una reflexión lapidaria de Paul O´Neill, el primer secretario del Tesoro en su primer período en la Casa Blanca: "Han estado en problemas con intermitencias desde hace 70 años o más -dijo-. No tienen una industria de exportaciones. Y les gusta. Nadie los obligó a ser lo que son".

 

El destinatario era un país: la Argentina. País vapuleado, golpeado, en medio de una crisis en la cual recibía desde las ironías de Fidel Castro por "lamer la bota yanqui" hasta la reflexión inescrupulosa del entonces presidente de Uruguay, Jorge Batlle, por "la manga de ladrones" que poblaba la otra orilla del Río de la Plata.

 

País para el cachetazo era, o éramos, poco después de haber sido puesto como ejemplo por el Fondo Monetario y por el gobierno de Bill Clinton.

 

The Wall Street Journal, en un editorial durísimo, decía el 23 de enero de 2002: "Es como si el Gobierno apostara un funcionario en cada ventanilla de banco para asaltar a los depositantes que tratan de retirar dinero (...). Si la Argentina quiere seguir el camino de Haití, es su problema, aunque sea una tragedia para su población. Pero a menos que vuelva a respetar los derechos de propiedad y el imperio de la ley, merece ser tratada como cualquier otra república bananera".

 

Entre las prioridades del gobierno norteamericano, azotado por los atentados terroristas del 11 de septiembre del año anterior, América latina figuraba lejos, lejísimo del vecindario al cual aludió ayer Bus en la entrevista concedida a la prensa. A ese vecindario le había prometido en la campaña de 2000, rubricada por el amañado recuento de votos en Palm Beach, que iba a estar en el centro de su política exterior y que América latina por sí misma iba a vivir por sí misma su propio siglo, el siglo de América latina.

 

Las guerras preventivas, inauguradas en Afganistán, ampliaron aún más la distancia. A tal punto que dos países presentes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y supuestamente aliados, como México y Chile, votaron en contra de la guerra contra Irak y, por ello, no sufrieron consecuencias inmediatas, pero tampoco gozaron de la celeridad que hubieran pretendido en asuntos bilaterales. Uno no pudo resolver sus problemas migratorios; el otro suscribió más tarde lo acordado el acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos.

 

Encuentro "sabrosito"

 

En esta gira por América latina, cuya primera instancia será la Argentina por ser anfitrión de la Cumbre de las Américas, Bush ha puesto especial énfasis en su visita posterior a Brasil. En realidad, en su encuentro posterior con Lula. Por obra de la política, ambos están golpeados: uno, el brasileño, por las consecuencias irreversibles para él y para el Partido de los Trabajadores (PT) del escándalo de los sobornos de legisladores; el otro, el estadounidense, por el revés de su candidata para la Corte Suprema, Harriet Miers, reemplazada ahora por otro candidato, Samuel Alito, tras los desastres propinados por el huracán Katrina, el huracán Bagdad (más de 2.000 muertos propios en una guerra que cada vez menos estadounidenses justifican) y el huracán Valerie Plane (causante de la renuncia de Lewis "Scooter" Libby, mano derecha del vicepresidente Dick Cheney).

 

¿Por qué tanto énfasis en Lula? Por las advertencias sobre el revuelo que puede producirse en el vecindario, como llamó ayer varias veces Bush "a los de allá abajo", si el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, insiste en exportar su revolución bolivariana. Hasta ahora no advierten en la Casa Blanca que tenga efectos nocivos, pero las sospechas de intromisión en la crisis boliviana, por la cual debieron recurrir a la Argentina y Brasil, y el "sabrosito" encuentro que tendrán en Mar del Plata, podrían empañar aún más la imagen difusa de EE.UU. en la región.

 

Sombras nada más

 

De ahí los elogios a Lula, la mano abierta a la Argentina (de la cual recordó especialmente a la prensa, que "sigue siendo el único aliado extra- OTAN" de la región) y la cooperación con Panamá. De ahí y de la necesidad de contener las ínfulas de Chávez, detrás del cual, "no podemos dejar de ver la sombra de Fidel Castro".

 

Esa sombra alimenta dos posibilidades políticamente incorrectas: que ganen Evo Morales las elecciones en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua. Es decir, que dos voces más se sumen al coro que condena al Consenso de Washington, el neoliberalismo, las reformas, las privatizaciones, el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y todo aquello que Bush quiere exaltar.

 

En EE.UU., admitió otra fuente, falló la diplomacia pública. No pudieron proyectar la imagen benévola que procura transmitir Bush cuando habla de democracia frente a las secuelas de la guerra contra Irak. Ni los mismos norteamericanos convienen en ello: la mayoría no se explica cuál es el beneficio, según las últimas encuestas, de sacrificar tropas propias en beneficio de una causa tan ajena y tan lejana. La más cercana, mientras tanto, amaga con ser otra batalla dura si no usa la persuasión (el poder blando) en lugar de la fuerza (el poder duro). La llave, al parecer, se llama Lula.

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