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Aumenta la presión sobre la Casa Blanca

Por Hugo Alconada Mon - 1 de Noviembre, 2005, 0:18, Categoría: EE.UU. y sus acciones

Un escándalo que tiene en vilo a Washington: inminente decisión del fiscal especial. En medio de nuevas protestas por la guerra, dos de sus principales asesores podrían ser acusados en breve por el caso de la CIA. 

 

Hostigado por las críticas de su propia base conservadora y republicana, la posibilidad de perder a dos de sus principales estrategos políticos y el fastidio creciente contra la guerra en Irak, el presidente George W. Bush se prepara para relanzar su gestión de gobierno a menos de 10 meses de iniciado su segundo mandato.

 

La premisa de la Casa Blanca, es que Bush se presente ante las cámaras de televisión después de que, como se espera, se anuncien en las próximas horas las eventuales acusaciones contra altos funcionarios de la administración por su presunta participación en lo que aquí se conoce ya como el "CIA-gate".

 

El fiscal federal Patrick Fitzgerald investiga desde hace casi dos años, si un puñado de funcionarios, que incluyen al vicepresidente Dick Cheney, al principal asesor y "arquitecto electoral" del presidente, Karl Rove, y a la mano derecha de Cheney, Lewis Libby, ventilaron la identidad de una agente de la CIA, Valerie Plame. El esposo de Plame, el embajador Joseph Wilson, era un crítico acérrimo de la guerra en Irak.

 

El gran jurado federal que escuchó a los testigos que citó Fitzgerald desde 2003, se reunió ayer por casi tres horas y se espera que haya novedades entre hoy y mañana, como máximo, cuando concluya el plazo legal para presentar cargos, determinar que debe cerrarse sin más la investigación o, en una situación intermedia, pedir más tiempo.

 

La versión que circula por los corredores del poder de esta capital, es que Fitzgerald podría acusar a Libby y quizás a Rove (pero nunca a Cheney) por encubrimiento y obstrucción de la Justicia, ya que ambos habrían trabado su investigación criminal.

 

"La hipótesis más temida por la Casa Blanca, es que el fiscal acuse a Rove y a Libby, que ambos deban renunciar y que durante el juicio se ventilen datos o pruebas que manchen a Cheney y él también se vea forzado a renunciar para limitar el escándalo", comentó un veterano asesor del Partido Republicano en el Senado.

 

Pero aun si Fitzgerald concluye que el "CIA-gate" no es nada más que humo, algo improbable que ocurra tras dos años de investigación, la Casa Blanca habrá sufrido un nuevo descrédito ante la población, que no olvida la pésima respuesta de todos los niveles del gobierno tras la catástrofe que causó el huracán Katrina.

 

"Somos republicanos y conservadores. Eso significa que enfatizamos el cumplimiento de la ley, que actuamos de acuerdo con ciertos valores morales y con la religión, y que somos patriotas. Pero resulta que dos funcionarios de la Casa Blanca quizás hayan ventilado el nombre de una agente de la CIA en plena guerra de Irak. Eso nunca puede verse bien", argumentó el asesor, quien cree que Bush deberá dar un discurso, reconocer errores y presentar nuevos rostros dentro de su círculo íntimo.

 

El vocero presidencial, Scott McClellan, intentó, por lo pronto, reducir la tensión ante el eventual escándalo. "La Casa Blanca está enfocada en las prioridades del pueblo estadounidense", dijo. "El presidente tuvo un día muy ocupado, atendiendo las altas prioridades que enfrenta este país: ganar la guerra contra el terrorismo y proteger nuestro país."

 

Pero el desgaste de la administración se acentuó en las últimas horas, cuando los medios hicieron hincapié en la cifra de soldados muertos en Irak, que este fin de semana superó la marca de los 2.000 ataúdes. A eso se sumó la polémica propuesta del propio Cheney para que la CIA quede exenta de una prohibición de las torturas, aprobada por el Congreso, que también desató fuertes críticas.

 

Bajo el lema "2.000 muertos de más", ayer se realizaron en Estados Unidos cerca de 400 actos de protesta contra la guerra, incluido uno en la plaza Times Square en Nueva York. Frente a la Casa Blanca, hubo una vigilia en la que estuvo presente Cindy Sheehan, la madre de uno de los soldados muertos en Irak, que se convirtió en líder del movimiento contra el conflicto.

 

Por su parte, el senador demócrata John Kerry, llamó ayer al gobierno de Bush a retirar 20.000 soldados de Irak antes de las elecciones parlamentarias de diciembre, y al resto dentro en los próximos 15 meses. En un discurso en la Universidad de Georgetown, el ex candidato presidencial advirtió que existe la "posibilidad en Irak, de un conflicto indefinido y hasta interminable".

 

Pero lo que más preocupa a la Casa Blanca, es la dispersión de la base conservadora de Bush, furiosa con lo que percibe como el despilfarro de un gasto público y con cuentas deficitarias, además de la nominación para la Corte Suprema de Harriet Miers, una mujer a la que esa base considera sin garantías acabadas de un perfil conservador.

 

Estrechos colaboradores de Bush, están trabajando en un discurso que el presidente podría dar para todo el país en un horario central de televisión, según trascendió ayer desde la Casa Blanca.

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