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Los jóvenes entre el presente y la dificultad de ser adultos

Por Jorge Eduardo Fernández - 25 de Octubre, 2005, 20:46, Categoría: Opinión

Para iniciar una reflexión sobre la vida actual de los jóvenes, acerca de sus expectativas, aspiraciones, modos de vida, actitudes, valores, conviene tener en cuenta algunos aspectos generales que ayudan a contextualizar el tema.

Como ya se indicaba en "Navegar mar adentro": "No estamos sólo en una época de cambios, sino ante un cambio de época", y por cierto este cambio de época nos incluye a todos, de diferentes maneras y con mayor o menor intensidad. Es conveniente comprender la vida de los jóvenes sabiendo también que el mundo de los adultos se encuentra seriamente cuestionado.

Un futuro cargado de incertidumbre es el componente de este cambio de época que afecta a los jóvenes con mayor intensidad y crudeza.

Si con cierto tino podemos comprender que el mundo adulto se define por su capacidad de acción en el presente, podemos también darnos cuenta que la juventud se define desde sus posibilidades de proyectarse en el futuro.

La juventud actual no se encuentra motivada o particularmente atraída por el futuro, es decir, por su querer, deber y poder ser. Muy por el contrario, el futuro aparece como un horizonte plagado de posibles frustraciones. De esta situación se desprende una de las características principales de la juventud actual: la juventud es una edad autorreferencial, es decir, se define en referencia a sí misma independientemente del mundo adulto.

Así como el futuro, el ser adulto no es un modelo ni imperante ni atrayente para los jóvenes. Esto hace que se vean conducidos a encerrarse sobre sus propios códigos, tiempos y espacios.

Hay que admitir que ha disminuido la presión que el futuro ejercía sobre el presente mediante el imperio de la idea de progreso. La adultez se encuentra afectada, como ideal futuro de la juventud. Sin embargo, el adulto no ha desaparecido, pero sí ha perdido el privilegio de estar situado en un lugar preferencial, en el centro de la escena desde el cual y hacia el cual se fundamentaba y justificaba un proyecto de vida.

Ser joven se ha vuelto un objetivo en sí mismo. Los jóvenes ya no están apurados por ser adultos, viven la juventud como una etapa válida en sí misma. De este modo ponen en juego lo que podríamos denominar: una economía diferente de valoración del tiempo.

Se aprecia la juventud como una especie de presente continuo que no se define por ninguna finalidad y proyecto que lo trascienda. Los compromisos entre jóvenes tanto afectivos como laborales tienden a concentrarse en objetivos puntuales que, luego de compartidos o alcanzados, se disuelven. Los proyectos de juventud no apuntan a volverse adultos. Llegar a ser adulto es considerado en segundo momento, en otro orden de importancia. El mundo adulto se ha desmitificado como meta atractiva.

Esta actitud la verificamos mediante dos comprobaciones, la primera surge de experimentar el fracaso adulto en sus propias historias familiares; la segunda se centra en lo contradictorio del mandato que los jóvenes reciben, quizás no directamente de sus padres, pero sí de lo que suponen la sociedad adulta. Esta segunda comprobación, si bien se emparienta con la primera, incide a mi entender con mucha más fuerza en la provocación de las actitudes reactivo - reclusivas de los jóvenes.

La sociedad adulta espera por un lado que los jóvenes sean capaces de decidir un rumbo y orientación para sus vidas, y por otro no les brinda ni los medios necesarios ni modelos dignos de imitar. El mandato social que reciben los jóvenes queda expresado en la formula familiar que oímos repetir a muchos padres: "algo tienen que hacer", la respuesta no escapa habitualmente al silencio y por supuesto no es menos incierta que el mandato.

La impresión que tenemos es que los jóvenes no viven su juventud porque ellos hayan elegido vivir de tal o cual modo; la de la juventud actual no es una posición contestataria o rebelde, sino que se trata sólo de diferentes maneras de ser a pesar de todo.

La imaginación de los jóvenes no está cerca del poder adulto ni quiere estarlo, les alcanza con poder alimentar su mundo y vivir como se pueda, está, para comprenderlo rápidamente, más cerca del arte que de la política. Cometeríamos un serio error si quisiéramos comprender a los jóvenes por su falta de preparación para los ingresos universitarios y por los índices de consumo de alcohol; a pesar de su aislamiento respecto del mundo adulto en las pautas de convivencia entre jóvenes abundan las actitudes de solidaridad y los planteos morales. Dentro de lo que llamamos juventud conviven una multifacética variedad de costumbres y preferencias. Y lo más notorio, no se enfrentan ni se excluyen entre sí.

A diferencia de generaciones anteriores de jóvenes, que definían la juventud desde su compromiso con causas generales, los de hoy se comprometen con tareas que tengan un fin concreto y plazo determinado, preferentemente breve.

Esto nos hace pensar que los jóvenes viven su juventud con una fuerte carga de angustia, ellos se preocupan por su situación al mismo tiempo que perciben que ser adulto es algo no muy deseado y rodeado de posibles frustraciones.

Si bien siempre la juventud se caracterizó por distinguirse y oponerse a la adultez, hoy la distancia y la falta de mediaciones entre el mundo de los jóvenes y el mundo adulto es más notoria. Por ello mismo la juventud actual contiene experiencias, en muchos sentidos inéditas, que escapan a nuestra comprensión.

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Armando Maronese

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