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Matrimonio y concubinato

Por Armando Maronese - 10 de Octubre, 2005, 0:14, Categoría: Opinión

Se están tratando en la Comisión de Legislación del Senado, que preside la doctora Liliana Negre de Alonso (PJ-San Luis) -que por su parte dirige una importante iniciativa de legislación de su autoría con miras a promover la familia-, dos proyectos de las senadoras peronistas María Cristina Percival y Sonia Escudero. Se trata, en apretada síntesis, de crear un estatuto de bienes entre los concubinos, similar al que tiene el matrimonio con la llamada sociedad conyugal.

 

La iniciativa, sólo comprensible partiendo del prejuicio ideológico contrario al matrimonio, sorprende fuertemente. En efecto, la mayoría de los autores de derecho de familia, piensa que nuestro régimen de bienes del matrimonio debería ser flexibilizado, contemplando, por ejemplo, las llamadas convenciones matrimoniales que, con mayor o menor alcance, rigen en distintos lugares del mundo o las gestiones de bienes divididas. Es más, hasta hace algunos años existían en trámite varios proyectos en tal sentido que luego perdieron estado legislativo.

 

Lo curioso del asunto, es que muchas parejas permanecen en concubinato precisamente porque no quieren que su patrimonio se vea sujeto al régimen de sociedad conyugal propio del matrimonio, que a veces termina siendo uno de los obstáculos para contraer nupcias.

 

Ahora, merced a aquella cuestionable iniciativa parlamentaria, los que quisieron sustraerse al régimen forzoso de bienes del matrimonio, se encontrarán presos del régimen también obligatorio del concubinato. Más allá de lo risueño de la situación, se percibe la intención de socavar la institución matrimonial, cuando precisamente el mundo está tratando de reforzarla como un modo de mejorar el tejido social sobre el que se sostiene la sociedad.

 

El matrimonio implica un compromiso personal y patrimonial de la que carece la libre unión de una pareja en el concubinato. Ya el derecho romano consideraba que el concubinato consistía en una unión del hombre y la mujer no reconocida por la ley, pero sí por la moral. Ahora parece que nos encaminamos al compromiso concubinario, para demostrar la llamada "inutilidad del matrimonio".

 

Permítaseme recordar cuáles son las posibilidades de un concubino, hoy en el orden patrimonial, dirigidas -si esa fuese su intención-, a proteger a su pareja: la pensión le corresponde legalmente, si convivió los últimos cinco años o dos si hay hijos de la unión; el derecho a continuar en la locación lo tiene desde la ley 16.739; pueden libremente adquirir cosas en condominio; ser copropietarios de bienes; adquirir acciones; hacer seguros de vida nombrando beneficiario al compañero o la compañera; testar por el ciento por ciento de su patrimonio si no hubiera herederos forzosos o disponer del quinto de sus bienes si los hubiese; crear fideicomisos, sociedades, e innumerables formas más o menos sofisticadas de regular sus relaciones económicas.

 

Pero parecería que esto no es suficiente. Entonces, el proyecto en cuestión, trata de igualar al concubinato con el matrimonio, aun cuando el régimen de bienes del matrimonio diste de estar bien regulado y pese a que un buen número de concubinos desearía seguir como hasta ahora.

 

LA OTRA

 

El colmo de la pretensión igualitaria es un proyecto de la senadora Vilma Ibarra, que pretende la equiparación de los concubinatos heterosexuales con los homosexuales, con la clara y evidente intención de asimilarlos en la discutible adopción de menores que contempla el proyecto de sus colegas para los concubinos heterosexuales. ¿Podrá quien exalta el amor homosexual educar en la heterosexualidad a quien pretende adoptar?

 

Entre las asimilaciones pretendidas, está la "ganancialidad" de las adquisiciones de inmuebles, después de cinco años de unión, situación disparatada, porque quien quiera burlar el estatuto proyectado, se separará a los 4 años y medio, y quien quiera proteger a su concubina utilizará cualquiera de los mecanismos antes mencionados. Concederle vocación sucesoria, como a un hijo, no se sabe si distinguiendo bienes propios y "gananciales concubinarios", parece un atentado a la razón.

 

Habiendo ley de divorcio, y divorcio unilateral por el mero transcurso del tiempo, queda claro que el que no se casa es porque no quiere, y sin vínculo no hay herencia forzosa. Pero he aquí que proyectos de corte totalitario le quieren imponer un estatuto patrimonial que claramente no desea ninguno de los dos integrantes de la pareja.

 

Sería más razonable ampliar la porción disponible. Es decir, permitir que se legue o done más del 20 por ciento del patrimonio, aun existiendo hijos o padres, y así ampliar el margen de disposición sin perjudicar demasiado a los hijos.

 

El proyecto de ley debería archivarse sin más trámite, ya que la información periodística muestra una iniciativa sin sentido, sin objetivos claros, como no sea un nuevo ataque a la familia, una vocación por privilegiar lo transitorio sobre lo permanente, y un avance sobre las libertades individuales.

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AM

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