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La riqueza de la Venezuela chavista terminó obnubilando a la Argentina

Por Armando Maronese - 9 de Octubre, 2005, 22:09, Categoría: Opinión

El Presidente Kirchner la convirtió casi en un eje exclusivo de su política internacional. Aunque siente más admiración por Ricardo Lagos o por José Luis Rodríguez Zapatero, lo cierto es que Néstor Kirchner frecuentó en los últimos tiempos a Hugo Chávez como no lo ha hecho con ningún otro líder extranjero.

 

Casualidad o no, las pocas veces que salió del país, inmerso como está en su batahola electoral, siempre se trató de cumbres o de foros en los que estuvo el líder venezolano y, siempre también, hubo un encuentro bilateral y amable con él.

 

Además, Chávez vino a la Argentina y Kirchner fue a Venezuela. El trasiego de ministros entre Caracas y Buenos Aires es intenso, sobre todo si cualquiera se detiene en la agenda de viajes del ministro de Planificación, Julio De Vido. ¿Hay, acaso, una relación privilegiada con el cuestionado líder de Venezuela, que, paralelamente, avanza cada vez más en el desconocimiento de las reglas básicas de la democracia y de la convivencia con sus opositores internos?

 

Chávez tiene las llaves de muchas soluciones latinoamericanas. Por ejemplo, se maneja como patrón de las mayores reservas petrolíferas del continente americano sur, en medio de una profunda crisis energética regional. Es posible que un Chávez menos rico y menos estratégico, ni siquiera fuera tenido en cuenta por Kirchner. Los acuerdos comerciales son difíciles de cuestionar.

 

El mundo no mira otras cosas cuando hace negocios. De hecho, la Venezuela de Chávez sigue abasteciendo al 17 por ciento del consumo de petróleo de los Estados Unidos. Washington representa, en el mundo, al gobierno más crítico de los métodos políticos de Chávez. La Argentina de Kirchner le compra combustible para sofocar la crisis energética y puede pagarle -aunque lo hace a precios internacionales-, con productos industriales o agropecuarios.

 

Pero Chávez suele mostrar su oronda billetera para comprar aquí, también, maquinarias agrícolas, ascensores y productos tecnológicos, y para ordenar la construcción de barcos en astilleros argentinos. Adquirió, sin mosquearse, bonos del Tesoro nacional por cerca de mil millones de dólares. Los argentinos caen postrados, calcando su propio biotipo, ante semejante ostentación de riqueza.

 

Kirchner fue a Brasilia el fin de semana último para firmar, sobre todo, otro acuerdo con Chávez en el que se mostró una asociación entre la poderosa empresa petrolera venezolana Pdvsa, la hispano-argentina Repsol YPF y la estatal argentina Enarsa.

 

Paralelamente, Chávez siguió ofreciendo la compra de otras cosas ante el deleite de la delegación argentina. Pongamos las cosas en su lugar. Pdvsa y Enarsa compraron 150 estaciones de servicio de una firma quebrada, cuya propiedad se adjudicó, en su momento, a un grupo de ex militares carapintadas. Repsol puso a disposición de Pdvsa la venta de hasta un diez por ciento de su producción petrolera en la Argentina, cuyo precio no fue fijado y será motivo de negociaciones en los meses próximos.

 

A su vez, Repsol consiguió asociarse con Pdvsa en la exploración y explotación de parte de las cuantiosas reservas petrolíferas venezolanas. De esa manera, la empresa hispano-argentina accedió a la zona de mayor caudal de petróleo de la región y, al mismo tiempo, blindó sus negocios ante los vaivenes chavistas al asociarse con la empresa estatal de Venezuela.

 

¿Podía hacer otra cosa? Más del 90 por ciento de las reservas mundiales de petróleo están en manos estatales.

 

Pero vale una precisión: el acuerdo de Repsol fue con Pdvsa y no incluyó a Enarsa, como se dijo aquí. Tampoco la relación política con Chávez es un error sin atenuantes. La Argentina tiene una tradición, en su política exterior, de no romper con nadie y de tratar, en lo posible, de mediar en los conflictos abiertos. Arturo Frondizi hizo un intento fallido de conciliación entre Kennedy y Fidel Castro en la década del 60.

 

El problema de la fuerte relación argentina con Chávez, es que está obnubilada por la riqueza del líder populista de Caracas. Un conflicto adicional sucede, cuando se contrasta que el gobierno de Kirchner le dedica muy poco tiempo al resto de la política exterior. Así las cosas, Venezuela queda casi como un eje exclusivo de su política internacional.

 

La relación con Washington está definida por los términos más elementales: ni los norteamericanos tensan la relación con Kirchner ni Kirchner habla mal de los norteamericanos. No hay mucho más entre ellos.

 

Europa es una sucesión de pequeños conflictos irresueltos. Nada resulta más extraño que haber malvinizado la relación con Londres, justo cuando Tony Blair enarbola una política europea contra los subsidios agrícolas, que bien podría utilizar el gobierno argentino. Digan lo que digan los funcionarios argentinos, la relación de Kirchner con Chirac no quedó bien después del episodio de la empresa Suez.

 

Quizá no por lo que sucedió con la compañía en sí, sino por el poco tacto diplomático para manejar el conflicto en el que se había interesado Chirac. Funcionarios de Kirchner difundieron que a esa misma empresa se le rescindió el contrato en Atlanta, en los Estados Unidos, en 2003, y que nadie se escandalizó por ello. Los conflictos internacionales les son muy ajenos. En aquel año, había un enorme conflicto en el mundo, la guerra en Irak, con dos líderes enfrentados en posiciones muy antagónicas: Bush y Chirac. ¿Qué podía pedirle Chirac a Bush? ¿Qué compromiso tenía Bush con Chirac? Kirchner, en cambio, lo convenció a Chirac de que ellos son aliados para reinstalar una política multilateral en el mundo.

 

Las cosas tampoco andan bien en el MERCOSUR, ni deslumbra la relación de la Argentina con Brasil y con Uruguay. Sólo con Chile las cosas están un poco más normales que hace un año. Por su parte, Chávez está aplicando una especie de prepotencia petrolera: quiere que las alianzas comerciales de la región sean como él las imagina, y también incursiona con sus dólares en los conflictos de la región andina del continente, sobre todo en Bolivia y Ecuador. Rodríguez Zapatero, que ha reconciliado a España con Venezuela, ejerce una cordial presión para mejorar la calidad democrática de Venezuela e influyó para que Chávez dejara de financiar a los grupos insurgentes indigenistas de Bolivia.

 

¿Qué ha hecho Kirchner por la democracia de Venezuela y para evitar los levantamientos populares en naciones muy frágiles, financiados en parte por los petrodólares de Chávez? Recibió a la oposición venezolana una sola vez (cosa que aún no ha hecho Lula, por ejemplo), pero los resultados políticos de tanto apego parecen muy pobres. Venezuela necesita y merece algo más que los buenos negocios argentinos.

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AM

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