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Bombas atómicas pequeñas

Por Armando Maronese - 29 de Septiembre, 2005, 21:35, Categoría: EE.UU. y sus acciones

Es público e inocultable, que el mal humor de los yanquis se ha descargado abiertamente contra el presidente George W. Bush (h) por su tardío y pésimo accionar ante el huracán Katrina, con el desastre de Nueva Orleáns y otras ciudades y pueblos a lo largo de casi 200 kilómetros de poblaciones costeras. Su primer reacción fue militar "restaurar el orden" y luego la humanitaria, evidenciándose discriminación contra la población pobre negra, latina y no pocos norteamericanos.

 

La Agencia de Previsión de Emergencias venía advirtiendo desde hace varios años, sobre la mayor frecuencia y poder de los fenómenos atmosféricos. Pero no fue escuchada.

 

El huracán Rita también generalizó temores, aumentando las víctimas y los destrozos. Más de un millón de texanos huyeron congestionando las autorrutas. Y faltó nafta.

 

El fracaso del sistema de defensa civil para calamidades, fue bochornoso. Mostró que su abultada partida presupuestaria estaba casi agotada, porque se venía usando para "operaciones reservadas" ("sucias",  dicen otros) por el Pentágono, la CIA y demás agencias de seguridad operando en el país y el exterior.

 

Luego las críticas se han centrado en pedir el retorno de las tropas de Afganistán e Irak, como ocurriera con la Guerra de Vietnam donde los halcones del Pentágono estaban empantanados, sin posibilidades de vencer u obtener una paz honorable.

 

Los bombardeos para aniquilar plantaciones agrícolas y bosques, destruyeron al sufrido país y a cientos de miles de civiles no combatientes. Los halcones no se compadecieron de tanta sangre humana oriental, pero el pueblo norteamericano no toleró las 55.000 vidas yanquis perdidas (y un desconocido número de "desaparecidos"). Ahora se habla de un "Katriraq".

 

Las bombas atómicas "pequeñas".

 

En medio de la crisis política, militar, económica y sobre todo de imagen interna y externa, el New York Time denunció días atrás que el Congreso (con mayoría republicana), ya tiene en avanzado estudio un plan preparado por los halcones del Pentágono, y urgenciado por el presidente Bush, para ganar la guerra contra el terrorismo: destruyendo los focos rebeldes con "pequeñas" bombas atómicas para disuadir no solo a los terroristas sino también a la población civil que los oculta.

 

Una de las ponderaciones más destacadas de este plan es el aspecto económico, por el menor costo para los contribuyentes. Los aspectos humanitarios no se contemplan, salvo asegurando que se salvarán vidas de "nuestros muchachos". ¿Es que se han olvidado las víctimas civiles de Hiroshima y Nagasaki, y que la historia universal recordará para siempre que Estados Unidos fue la primera nación en utilizar esas armas, como en Vietnam con  el efecto naranja?

 

Ha pasado medio siglo desde el ataque nuclear a Japón y casi 30 años de la humillante escapada de los norteamericanos de Saigón  (hoy Ho-Chi Minh). Y en ambos países no paran de nacer niños monstruosamente deformes por contaminaciones heredadas.

 

En Afganistán como en Irak, sí que no son baratos los mercenarios expertos en torturas y asesinatos, bajo el nombre de "contratistas". Ahora, por razones de costos, se los busca en el tercer mundo. Diez días atrás se publicó en diarios de Lima, Perú, avisos de la empresa Gesegur SAC, convocando a aspirantes.

 

El efecto Katrina y Rita.

 

Lo que no ha podido toda la humanidad con las Naciones Unidas y otros entes internacionales, como es el caso de la inútil OEA, lo pudieron las fuerzas de la naturaleza. Los huracanes han infligido a los norteamericanos una derrota que, por impopular internamente, obligará a un cambio de políticas menos soberbias.

 

Hoy no es disparatado pensar que los vientos se lleven, o por lo menos retarden o atenúen, los planes antiterroristas y de democratización globalizada contra Venezuela, Cuba, Corea del Norte, Irán, etc. etc.; que saquen bases con tropas con inmunidad diplomática avasallando soberanías, incluidas las recientemente llegadas a Paraguay, cuando para EE. UU. la Triple Frontera aún es una zona de alto riesgo; que comprendan que la creciente pobreza de los pueblos, incluidos los más de 30 millones de yanquis, son soluciones más baratas y urgentes que los presupuestos de guerra. Así el inocente pueblo norteamericano dejará de asombrarse preguntándose "¿porqué nos odian?"

 

Los yanquis en estos momentos se plantean muchos miedos, interrogantes y dudas. A la amenaza de los últimos años del terrorismo indiscriminado, se suman los vaticinios de los científicos hablando de más y peores fenómenos de la naturaleza: huracanes en lugares antes impensados, enormes volcanes emergiendo de los océanos, devastadores terremotos en Japón, inundaciones y luego congelamiento de Nueva York. Cualquiera de estas variantes, pueden ser catastróficas y desestabilizadoras de estados.

 

Ante las tragedias presentes y probables futuras, el gobierno de los Estados Unidos debe admitir la responsabilidad que les cabe en los adversos cambios atmosféricos y pensar que la única salida es aceptar ya, junto a su cómplice británico, el acuerdo de Kyoto. ¿Hay otra prevención posible?

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AM

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