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Bush o el desorden de las prioridades

Por Armando Maronese - 23 de Septiembre, 2005, 3:11, Categoría: EE.UU. y sus acciones

William Kristol quizás el más perspicaz neoconservador que apoya al presidente Bush, reconoce que el presidente norteamericano no ejecuta bien sus políticas. Por eso tardó en responder a la inundación de Nueva Orleáns y por eso existe la impresión generalizada de que la campaña norteamericana en Irak es una misión imposible.

 

Esta explicación puede ser cierta y, además, le permite a quien la formula decir que todavía está feliz de que Bush sea presidente de los Estados Unidos y de que no lo sean Gore o Kerry, porque ellos sí podrían ser eficaces, pero para instrumentar ideas y estrategias que una persona como Kristol deplora. En otras palabras: es mejor ejecutar mal buenos objetivos que ejecutar bien objetivos que se consideran malos.

 

Otra manera de analizar los contratiempos del gobierno de Bush en Nueva Orleáns, y también en Irak, es explicarlos como el resultado de una confusión para determinar las prioridades de los Estados Unidos. Por ejemplo, consideremos el caso de la emergencia doméstica producida por el huracán Katrina, con la consecuente inundación de Nueva Orleáns.

 

Desde el 11 de septiembre de 2001, el gobierno norteamericano ha dado prioridad a la defensa de su población ante un ataque terrorista catastrófico que pudiera involucrar armas atómicas o biológicas y ha subordinado la protección de su pueblo ante desastres naturales. Se practica más para defenderse de lo casi inimaginable y diabólico que para protegerse de catástrofes que ocurren casi todos los años.

 

En términos administrativos, esto significa que una enorme burocracia compuesta por más de una docena de agencias federales está orientada a prepararse para la defensa de los ataques terroristas. En este contexto, la defensa de la población ante los desastres naturales ha pasado a segundo plano. Esto, en un país anualmente azotado por huracanes y tornados con una frecuencia que le es difícil imaginar a un argentino.

 

Esta subordinación, en términos burocráticos, se refleja de dos maneras. Primero, el director de la agencia del gobierno nacional que se ocupa de los desastres naturales (FEMA) ha dejado de pertenecer al gabinete nacional. Ahora pertenece al gabinete Michael Chertoff, secretario de Homeland Security (Seguridad Nacional), la repartición encargada de proteger al país del terrorismo.

 

En segundo lugar, la persona que el presidente Bush ha designado para dirigir la FEMA, Michael D. Brown, es un buen señor, amigo de un amigo del presidente, que no tiene ninguna experiencia en manejar problemas de este tipo y cuya actuación más destacada fue ser presidente de una asociación que se ocupa de caballos árabes.

 

En términos prácticos, esta subordinación significó que la inundación sufrida en Nueva Orleáns como secuela del huracán Katrina fuera declarada "incidente de significación nacional" más de 24 horas después de producirse. Llamar oficialmente a una inundación "incidente de significación nacional" es lo que dispara el sistema de ayuda nacional masiva para la región y para las personas afectadas por el incidente.

 

Ahora bien, imaginemos que se produjera una inundación sin huracán. Digamos que un lunes en la madrugada un terrorista hubiera hecho explotar tres bombas inesperadamente, destrozando diques en Nueva Orleáns e inundando la ciudad. En este caso, cabe poca duda de que inmediatamente se habría declarado que ese ataque terrorista era un "incidente de significación nacional". El presidente Bush estaría preparando una ceremonia en la catedral nacional para honrar a las víctimas, entonar el himno Dios es mi fortaleza y prometer la eliminación de Osama ben Laden, como lo hizo hace tres años. El tono de la respuesta habría sido distinto, y también su velocidad.

 

Aquí estamos frente a la confusión de prioridades, que explicó bien en una columna Eugene Robinson, de The Washington Post. Hace 15 años, el periodista fue corresponsal del mismo diario en Buenos Aires. Robinson escribió que el norteamericano medio tiene una mayor probabilidad de morir en un desastre natural, tornado, inundación, huracán, fuego en bosques que se extienda a los suburbios o terremoto, que en un ataque terrorista, pero añadió que la burocracia actúa como si la estadística fuera la opuesta.

 

Pensemos un poco: ¿qué fue más devastador para los Estados Unidos, el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 o el huracán Katrina? Desde el punto de vista psicológico-simbólico, los daños del 11 de Septiembre fueron mayores. Pero desde el punto de vista de la realidad social y económica de los Estados Unidos, con respecto a los hogares destruidos, los empleos perdidos -se habla de 400.000- y por cómo los destrozos han afectado a una de las arterias comerciales fluviales más importantes de los Estados Unidos, además de afectar, aunque sea por pocos días, el suministro nacional de petróleo, el huracán Katrina compite con el 11 de Septiembre.

 

El tipo de confusión que tiene el gobierno de Bush con respecto a los efectos del terrorismo y los de los desastres naturales, se ve también en su posición con respecto al calentamiento del medio ambiente. Hoy el presidente no niega que existen indicaciones de que la Tierra se está calentando, pero, a diferencia de los europeos y de una buena parte del resto del mundo, no quiere tomar medidas para reducir la quema de hidrocarburos, por tres razones. La primera es que no se sabe a ciencia cierta si ésa es la causa que produce el recalentamiento terrestre. La segunda es que las medidas que se proponen, por ejemplo en el tratado de Kyoto, perjudican a las industrias norteamericanas, y la tercera es que los sacrificios más grandes los deben afrontar los Estados Unidos. Por lo tanto, el gobierno central de los EE.UU., no se adhirió a la firma del tratado de Kyoto.

 

Determinar la causa del calentamiento global, es importante para tomar medidas que puedan frenar o eliminar el fenómeno, que puede dificultar la vida del hombre en la Tierra. Pero si el planeta se está recalentando, las consecuencias para el hombre van a ser las mismas, cualquiera que sea la causa de ese recalentamiento. Por lo tanto, tomar una posición proactiva frente a este problema parecería una actitud razonable. Pero el presidente estadounidense prefiere la inacción, o algo muy parecido, a la acción, porque no está seguro de cuál es la causa del fenómeno, y teme perjudicar intereses.

 

Es destacable que muchas consecuencias del calentamiento de la Tierra, son tanto o más difíciles de prever que las de un ataque terrorista. Algunas consecuencias climáticas hasta pueden ser favorables para una región, por un tiempo, si no se siguen agudizando, y otras, desfavorables. Pero, en general, las consecuencias son impredecibles y peligrosas. Esa preocupación, que existe en los gobiernos europeos, no existe en el gobierno de los Estados Unidos. En cambio, existe la sospecha, un poco paranoica, de que todo el tema del calentamiento de la Tierra es un invento para dañar el capitalismo norteamericano y para arruinar algunas industrias.

 

Este año ya ha habido 15 huracanes en el Caribe. Cinco afectaron a los Estados Unidos. El período de los huracanes en el Caribe sólo termina en octubre. Desde que ocurrió Katrina, en los noticieros meteorológicos de este país se pasa mucho tiempo analizando la formación de depresiones tropicales en el Caribe y en el Atlántico. Es como si se temiera que los Estados Unidos puedan estar bombardeados por huracanes. Es un miedo inconsciente y, por ahora, bastante irracional. Pero, políticamente, ¿no ha llegado el momento de que el presidente Bush considere que estos fenómenos merecen un estudio tan exhaustivo y creativo como el que se intenta con respecto al terrorismo?

 

Quizás el huracán Katrina, con toda su devastación, logre cambiar las prioridades de este gobierno, acercándolas más a la realidad. Así, le permitiría actuar con mayor eficacia.

 

Tengamos en cuenta que tienen casi encima el nuevo huracán Rita, que ya alcanzó la categoría 5, la más peligrosa, y obligó a las autoridades de algunas ciudades a ordenar masivas evacuaciones. ¿Si hace estragos en Texas, la reacción de Bush será la misma que tuvo con Nueva Orleáns donde había tantos negros?

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