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Cuando la política juega con la economía

Por Armando Maronese - 17 de Septiembre, 2005, 2:47, Categoría: Política - Políticos

Las cosas andan bien cuando la política y la economía están de acuerdo. Esa es una certidumbre que debería abundar, pero que parece escasear entre los políticos argentinos. Conflictos tan sensibles como la inflación -o como la posibilidad de que Lavagna se vaya o se quede-, han estado en los últimos días en la boca fácil de las tertulias. La historia construyó una advertencia: toda ambición política puede ser derrotada por un solo traspié de la economía.  

 

¿Es probable que Lavagna se retire del Gobierno? No lo es, por el momento. Ni el ministro tiene ganas de abandonar la barcaza (aunque, a veces, su paciencia acaricia todos los límites) ni el Presidente carece de los reflejos como para poner en duda, justo ahora, su continuidad. Hay, con todo, condiciones políticas que han cambiado sustancialmente.

 

El hecho de que el ex vicepresidente Carlos "Chacho" Alvarez figure en el primer lugar entre los candidatos a ocupar la Cancillería, que pronto dejará vacante Bielsa, eliminó, en principio, la alternativa de un traslado de Lavagna a la cartera de relaciones exteriores. Es bueno recordar que: ninguna decisión presidencial sobre el gabinete, sucederá antes del domingo 23 de octubre. Kirchner quiere leer, primero, los mensajes que le enviará la sociedad ese domingo de elecciones.

 

Siempre pensamos en "Chacho" Alvarez cuando se produce una vacante, pero ningún ofrecimiento se ha hecho hasta ahora, precisó una figura muy cercana al Presidente. Álvarez debió sortear, cuando se conoció la posibilidad de su designación, una intensa y rencorosa campaña mediática. Deberá convivir con ella, si es que está dispuesto a someter su vida, otra vez, a los estrépitos de la política.

 

De todos modos, ése no es el punto débil de Lavagna; no podría quejarse, desde ya, porque le sacaran lo que nunca tuvo. El núcleo central de las versiones se refirió, más bien, al brusco cambio del ecosistema que le permitió convertirse en un exitoso ministro de Economía. Esa biosfera política estaba integrada por Kirchner, Duhalde y él mismo. Duhalde ya no está -ni estará- en la coalición gobernante: ¿podrá Lavagna subsistir a esa mutación en los cimientos mismos de su poder?

 

El primer obstáculo radica en que el ministro no está dispuesto a elegir entre Kirchner y Duhalde una vez que ellos decidieron pelearse como carreros. ¿Lo obligarán a elegir? Nadie le pedirá eso nunca, han asegurado voceros inmejorables del Presidente. Lavagna tiene entidad propia y es un ministro fundamental del Gobierno, con Duhalde o sin Duhalde, agregó, a su vez, el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

 

¿Cómo vamos a ignorar que Lavagna acaba de hacer bajar el riesgo país a poco más de 400 puntos?, señaló Fernández. Al revés, el jefe de Gabinete cree que ha sido Duhalde quien usó su amistad con Lavagna para encaramarse en el escenario nacional.

 

Hay un mundo menos conocido. Kirchner y Lavagna consiguieron trabar una buena relación personal en los últimos tiempos. Fue luego de que Alberto Fernández renunció a intermediar entre ellos, tan cercanos y tan distintos, y después de una aguda gresca interna entre los dos ministros. Fernández suele aclarar que él prefiere anestesiar las pasiones cuando se dirime la salud del Gobierno.

 

No es menos cierto que las versiones de un probable paso al costado de Lavagna se originaron, en gran medida, en el Ministerio de Planificación. Nadie asegura haber oído hablar a Julio De Vido de esa posibilidad, pero hay muchos que se enteraron de la versión por boca de altos funcionarios de ese ministerio.

 

Sobresale la voz del secretario de Comunicaciones, Guillermo Moreno, un subalterno con módico talento, que está convencido de poder penetrar en los misterios de la economía. Moreno, De Vido, Kirchner; el eje de la confabulación es casi perfecto para una mirada conspirativa de la vida. Pero es irreal. Moreno no tiene ninguna influencia en la Presidencia ni en ningún estamento importante del Gobierno, lo despacharon muy cerca del Presidente.

 

El secretario de Comunicaciones ya le propinó al más importante ejecutivo de Suez, concesionaria de Aguas Argentinas, una interminable clase de economía argentina, que terminó por convencer a la empresa francesa de que era mejor irse del país. Dicho sea de paso, nunca nadie pudo explicar la vinculación entre la comunicación y el agua, aunque este paso crea una distancia más grande con el presidente francés Chirac.

 

El otro problema de Lavagna es la inflación. Hay, sin duda, un componente de salarios en los inquietantes índices inflacionarios. Pero el conflicto no es por lo que ha sido, sino por lo que podría suceder.

 

Hugo Moyano viene reclamando aumentos salariales, y despachándose contra Lavagna, desde que lo designaron secretario general de la CGT. Es probable que nadie haya inducido a Moyano, pero es seguro que nadie intentó callarlo. El Presidente simpatiza con Moyano. Lavagna, con "los Gordos", adversarios éstos de Moyano.

 

La inflación tiene, además, otros elementos. Uno de ellos es, sin duda, la actualización de precios y tarifas que viene produciéndose en los tiempos recientes. Es un proceso irremediable, pero que debería ser lento. La Argentina tiene salarios, precios y tarifas seriamente desactualizados. Y un condimento no menor de la inflación es el aumento del gasto público, potenciado por la campaña electoral.

 

Tampoco puede ignorarse la abundancia de pesos en el mercado por la compra compulsiva de dólares para mantener un tipo de cambio virtualmente fijo. Kirchner es insobornable en eso: el dólar debe costar entre 2,90 y 3 pesos. Punto. Sin discusión.

 

La inflación barre primero con los ministros y luego con la popularidad de los presidentes. La inflación alta se lo llevó a Alfonsín y la inflación inexistente, producto de la depresión económica, lo tumbó a De la Rúa.

 

¿Es consciente el Gobierno de que la economía podría desbaratar los mejores planes políticos? Esa pregunta tiene respuestas parciales en la administración. Kirchner oscila entre la voracidad electoral y la racionalidad económica. Sabemos que la inflación nos dejaría sin sociedad, dijeron, sin embargo, sus amigos más cercanos.

 

Domingo Cavallo apartó a Kirchner de su diatriba cuando regresó al teatro, pero el eje de su imprecación estuvo centrado en el propio Lavagna. ¿Es Cavallo un instrumento de sectores del Gobierno que aspiran a herir electoralmente a Macri y a debilitar a Lavagna? No hay ninguna prueba de esas inferencias. Dejemos entonces a Cavallo como la expresión personal de un retorno extemporáneo.

 

Semejante ardid político, sería sorprendente en un gobierno que no acierta con su estrategia electoral. La peor novedad que octubre podría depararle a Kirchner, estaría dada por una buena elección de la señora de Duhalde en la provincia de Buenos Aires.

 

Kirchner hace todo lo posible para que eso ocurra con sus ofensivas sin medida contra Duhalde; los adversarios del Presidente saben ya por dónde podrán deslizar el castigo. Kirchner escurre el país hablando mal de Duhalde. Ahora, además, hace caminatas por las ciudades seguido por miles de personas embelesadas; le está hurtando el método a Raúl Castells.

 

¿Se puede hablar tanto y tan mal de quien fue un protector y aliado? La sagacidad social está percibiendo esa contradicción, más allá de la opinión que merece Duhalde, que perdió hace mucho la simpatía popular. Dicho a secas: siempre es complicado remontar la historia río arriba.

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AM

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