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Romper el círculo de la pobreza

Por Armando Maronese - 8 de Septiembre, 2005, 4:20, Categoría: Opinión

La pobreza y la indigencia constituyen profundas heridas abiertas en el tejido de nuestra sociedad que exigen que el Gobierno actúe con respuestas contundentes y comprometidas.

 

Las mediciones sobre estos dos flagelos correspondientes a la segunda mitad de 2004, que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) acaba de difundir, marcan que mientras el total de los hogares pobres se redujo del 33,5 por ciento al 29,8, el ingreso promedio de esas familias cayó de 455,70 pesos a 446 por mes. Es decir que si bien hay menos familias pobres e indigentes, las que siguen viviendo en la pobreza están peor que antes porque ganan menos y les resulta más difícil revertir su situación.

 

Ello obedece a que mientras el valor de la canasta básica continuó aumentando, se redujo el ingreso medio tanto de los hogares pobres como de los indigentes. Así, aumentó la distancia que separa a esas familias de la posibilidad de adquirir los bienes y servicios básicos, que les permitan salir de la indigencia o de la pobreza.

 

Más crítica es la situación de los indigentes, porque si bien bajó el número de familias que viven en esa condición (del 12,1 por ciento al 10,7) sus recursos sufrieron una fuerte caída. En promedio, el ingreso de esos grupos familiares disminuyó de 264,60 pesos a 221,90 por mes.

 

Las familias que viven en la indigencia, pueden comprar tan sólo el 58 por ciento de los alimentos básicos que necesitan en el mes. Según las estimaciones del Indec, deberían recibir 158,20 pesos más por mes para salir de la indigencia, mientras que las familias pobres, 358,60 pesos adicionales para superar esa condición.

 

Se estima que en la Argentina hay más de 3.500.000 familias pobres que agrupan a más de 14.000.000 de personas.

 

El mapa de la pobreza y de la indigencia permite identificar a Formosa como la ciudad con la mayor brecha de pobreza, ya que allí se necesitan 433,20 pesos más por mes, para dejar esa situación. En la otra punta está Bahía Blanca, donde se requieren 252,20 pesos.

 

En el nivel de indigencia Neuquén es la que está en la peor condición, pues se necesitan 213,50 pesos adicionales por mes para dejar esa situación, mientras que en San Luis se requieren 102,10 pesos para abandonar la indigencia.

 

Los ingresos de los hogares pobres, en su gran mayoría, provienen del trabajo en negro, planes sociales y changas. Además, esos sectores tienen sus ingresos congelados o fueron recibiendo aumentos inferiores a la suba de los precios de los productos básicos, en especial los alimentos.

 

Combatir la pobreza, supone colocar al trabajo digno como el objetivo fundamental de las políticas públicas, y el empleo y la mejora sensible del ingreso de las personas, de los hogares y las familias, como los instrumentos privilegiados de los procesos de desarrollo social.

 

Las políticas asistenciales para enfrentar la indigencia y la pobreza son necesarias, pero las mejores herramientas para ayudar a erradicarlas son el crecimiento económico y el empleo genuino. La estabilización de la economía luego de la profunda crisis de 2001, le permitió a nuestro país volver a crecer. Por esa razón, este momento que atraviesa el país y el contexto mundial, le ofrecen al Gobierno una gran oportunidad para alentar la inversión y la reincorporación al mundo laboral de aquellos trabajadores que perdieron su empleo.

 

Asimismo, la educación constituye el activo más importante para forjar las capacidades humanas, para quebrar la disparidad de ingreso y la mejora de la calidad del trabajo.

 

En consecuencia, la política social debe generar las oportunidades para el desarrollo social y personal, apuntando -mucho más allá de la emergencia-, a resolver los problemas a partir de las transformaciones estructurales y atacar las causas más profundas que provocan la exclusión social y la marginalidad.

 

De ese modo se podrán romper los círculos viciosos de reproducción de la pobreza, creando genuinos círculos virtuosos de promoción social que tiendan a superarla definitivamente, y eso será posible sólo con enfoques integrales, participativos y diferenciales.

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