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La guerra en Irak se libra también frente al rancho de Bush

Por Armando Maronese - 30 de Agosto, 2005, 2:42, Categoría: EE.UU. y sus acciones

Inesperado protagonismo de Crawford. HOUSTON.- Aunque George W. Bush quizá no utilice la autopista 59 desde hace años, el cartel lo pusieron para él: "Presidente: ¿qué hacemos en Irak?". Es uno solo, entre otros muchos que recuerdan con orgullo que el presidente de Estados Unidos es texano por opción y el rancho donde pasa sus vacaciones desde 1999 está en Crawford, un pueblito con apenas un par de hosterías a cuatro horas de aquí.   

Es verano, la temperatura es de 35 grados a la sombra y aunque los habitantes de Crawford no desean semejante protagonismo, miles de opositores y de defensores de Bush y de la guerra en Irak se han congregado a un par de kilómetros de la entrada del rancho, donde hay una garita de seguridad.

La madre de un soldado muerto en Irak, Cindy Sheehan, alteró la agenda de la Casa Blanca, que había previsto cinco semanas de vacaciones. La mujer, que reclama que el presidente la reciba y le explique para qué murió su hijo, recordó los costos humanos y la división interna que este país afronta con la "guerra contra el terrorismo".

Centenares de padres han expresado su apoyo a Sheehan, ante la ausencia y el silencio de los demócratas, que no saben cómo objetar la guerra sin perder futuros votos. "Sólo quiero algunas respuestas sobre por qué estamos allá. No veo el propósito. Es frustrante y estoy furioso", planteó Andre Lieurance, un oficial naval retirado cuyo hijo murió en Irak. Pero otros tantos padres rechazan sus planteos. "Esa mujer no está honrando el sacrificio de su hijo. Sería mejor si no se presentara a sí misma como la voz de los caídos", advirtió David Clemons, cuyo hijo también cayó en Irak.

Bush optó por no recibir a Sheehan en su rancho ni aludir explícitamente a ella en sus discursos. Sin embargo, la mujer sí forzó ciertos cambios en la agenda del presidente. Bush insistió ayer, por lo pronto, en que el borrador conocido para una nueva Constitución iraquí es un claro avance, que provocará nuevos ataques de la insurgencia. "A medida que la democracia en Irak eche raíces, los enemigos de la libertad, los terroristas, estarán más desesperados, más despreciables y más viciosos", anticipó.

Por eso, y consciente de que sus índices de apoyo popular descienden cada semana y llegan apenas al 40%, Bush reiteró que las tropas deben quedarse hasta completar su misión. "Nuestros esfuerzos en Irak y en el resto de Medio Oriente requerirán más tiempo, más sacrificio y una resolución continua", dijo en su discurso radial del sábado.

Ecos de Vietnam

Para Sheehan y muchos otros, la prédica del presidente sólo refleja tozudez y demasiadas coincidencias con otra guerra: Vietnam. Tanto los críticos de la Casa Blanca y el Pentágono como quienes defienden sus metas en Irak toman como referencia lo que ocurrió en los 60 y 70.

"En Bagdad escucho ecos de Saigón en el 67", dice un ex corresponsal de guerra de The Washington Post, Lewis Simons, que lamenta "las mentiras del gobierno". En la revista Foreign Policy, un teniente coronel retirado, Andrew Krepinevich, autor del libro "El ejército y Vietnam", defiende a la Casa Blanca, aunque destaca que si quiere ganar en Irak deberá gastar otros u$s 200.000 millones y armar una estrategia bélica para los próximos 10 años.

La administración republicana confía, sin embargo, en cuestiones de calendario y mucho menos dinero. Dos semanas antes del aniversario del 11 de septiembre, el Departamento de Defensa lanzó una campaña de marketing para promover su "Caminata de la libertad", que comenzará desde el punto exacto donde el edificio del Pentágono fue atacado por uno de los aviones secuestrados y concluirá con un concierto frente al obelisco.

Mientras tanto, las fuerzas armadas destinarán u$s 350 millones a la agencia publicitaria de Leo Burnett para que inicie una campaña que fomente el reclutamiento de tropas, pero sin citar la palabra "Irak".

La Casa Blanca también confía en que Sheehan y sus planteos sean sólo una tormenta de verano. En agosto, cuando circulan tan pocas noticias en Washington como en Buenos Aires en enero, los laderos del presidente creen que la mujer aprovechó el vacío mediático y volverá a la oscuridad cuando la rueda política tradicional vuelva a girar en estos días.

Sheehan anunció que seguirá en Crawford hasta que se marche Bush. Pero entonces irá por más: iniciará un tour en ómnibus para difundir su mensaje por todo el país, al que pareció despertar de la modorra bélica.

"¿Cuántos soldados más estás dispuesto a sacrificar por mentiras?", gritaba Sheehan ayer frente a la garita del servicio secreto, ante un Bush ausente pero con las cámaras de televisión encendidas. A sólo metros de distancia, otros estadounidenses le respondían. Como Howard Kaloogian, que acusaba a Sheehan de "darle esperanzas y valor a los enemigos".

Cruces blancas, un símbolo de los soldados caídos en Irak y Afganistán, flanqueaban a ambos.

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