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Recuerdos de un pueblo de vida fugaz

Por Armando Maronese - 19 de Agosto, 2005, 0:24, Categoría: Campo - Pueblos - Ciudades

En épocas de malones, el pueblo de Concordia, cercano a Lincoln, tuvo una existencia breve por decisión de la burocracia.  

Dice un poema de Almafuerte que "lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado". En parte, esta sentencia parece ajustarse a la relación de la ciudad de Lincoln (y quizá otras de la zona), con aquella extinguida población de Concordia, de fugaz existencia en épocas de malones e inestables avances en esos puntos de la frontera.

Al consultar un libro del profesor Allende, un cordobés que estuvo radicado en Lincoln, el historiador Abel Bracken, halló mencionado un pueblo de fugaz existencia que, al parecer, se situaba en aquellas regiones. Según pudo determinar en esa investigación, Concordia se formó en marzo de 1870, poco después que algunos colonos se establecieran y comenzaran a practicar actividades agropecuarias.

"Fue la consecuencia de una empresa colonizadora -dice el investigador-, cuyo núcleo urbano se hallaba allí y reunía 250 habitantes. Allí funcionó la primera escuela de frontera interior, del sector norte creada por Sarmiento.

 

Había en el poblado catorce casas de material, un servicio de diligencia que venía desde Bragado dos veces por semana, y la parte religiosa era atendida por el padre Sabino que evangelizaba en la tribu del cacique Coliqueo.

Toda ésta incipiente prosperidad dio por tierra por decisiones burocráticas, tomadas a espaldas de la gente y desde los estrados del poder centralizador de turno, como suele suceder en el país.

La empresa no pudo cumplir con los pagos y obligaciones contraídas al momento de la ocupación con la provincia y fue ejecutada. "Los colonos, que provenían de diferentes lugares de Europa, no pudieron obtener las escrituras y es así como paulatinamente para el año 1879 comienza a desaparecer y ya no es reconocida por las autoridades de Lincoln", dice Bracken, autor de "Concordia, la esperanza perdida", un voluminoso libro que aún no ha sido editado.

Se perdió de esa manera, un intento muy loable de esa gente de establecerse y trascender en medio de una zona que era prácticamente desértica, pero por una cuestión administrativa no se tuvo en cuenta al pueblo mismo, que se había formado en medio de una zona que se intentaba poblar.

A solo 10.000 metros de allí pasaba la línea de frontera y muy cerca estaba el fuerte El Triunfo, donde hoy se halla el pueblo del mismo nombre que servía de protección para los malones.

Las actividades eran fundamentalmente de agricultura, junto a viveros que se habían creado para forestar la zona.

Concordia se extinguió, solo quedan testimonios de su existencia en los libros, en la memoria oral y en esas piedras que se oponían al paso de las rejas de los arados. Allí quedaron sepultados esfuerzos, ilusiones, logros y la desazón de eso dos centenares de precursores que habrán sumado su voluntad y experiencia a otras poblaciones, tan incipientes como la que acababan de abandonar. Eran los primeros tropiezos de un proyecto que la historia todavía no ha podido sepultar.

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