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El recuerdo de los ocupantes del Enola Gay

Por Armando Maronese - 8 de Agosto, 2005, 2:24, Categoría: Conflictos bélicos

Dos tripulantes del Enola Gay, dijeron que sólo cumplieron con su trabajo y que así se pudo terminar la guerra.  

¿Y si la bomba no hubiera explotado sobre Hiroshima? ¿Sería distinta la historia? "Ah, no lo sé, pero cuando conté hasta 43 y no explotó, sí que me preocupé", dijo Morris Jeppson, el artillero que activó la primera bomba atómica, a bordo del ya mítico bombardero B-29, bautizado Enola Gay, 30 minutos antes de lanzarla sobre la ciudad japonesa. Hace 60 años.


"Quizás eché una maldición, la verdad que no lo recuerdo. Pero entonces todos comenzaron a gritar que veían un flash increíble y segundos después nos golpeó la onda expansiva. Entonces supe que había detonado y habíamos cumplido con nuestro trabajo", recuerda Jeppson, ahora de 82 años, desde su casa en las afueras de Las Vegas.


El "trabajo" los hizo ingresar a la historia como los responsables de haber lanzado la primera bomba atómica sobre una población civil durante una guerra. "De inmediato supe que muchos miles estaban muriendo allí abajo. Pero también que probablemente habíamos terminado con la guerra", dijo, sin soberbia y sin dolor.


Jeppson y los otros once tripulantes de aquel B-29, se convirtieron en héroes de inmediato, junto a sus colegas del Bockscar, el avión que lanzó la otra bomba atómica sobre Nagasaki. Luego fueron criticados y, por último, casi olvidados. Hasta que llega un nuevo aniversario, se reavivan los recuerdos y reaparecen las llamadas.


"Uy, usted no se imagina la cantidad de llamadas que recibe mi marido cada vez que se acerca el 6 de agosto", dijo la esposa de Theo Van Kirk, el navegante del Enola Gay.


"El Danés" Van Kirk tiene ahora 84 años y el rostro y la panza de un abuelo ideal para una publicidad televisiva. Junto con Jeppson y el comandante y piloto Paul Tibbets son los únicos tres de aquel vuelo que siguen vivos. "Pero Paul Tibbets está harto. Cumplió 90 años en febrero, le duele la espalda y llegó al punto en que no quiere hablar más de esto", dice Van Kirk. Sin embargo, Tibbets declaró que "no dudaría en volver a hacerlo". En una declaración conjunta, Tibbets, Jeppson y Van Kirk dijeron que "el presidente Harry Truman no tenía más opción que utilizar la bomba".


Jeppson, anteojos, mandíbula firme y más parco que su compañero, tampoco quiere recordar demasiado, pero se suelta con el correr de los minutos.


"Durante las 12 horas que duró el vuelo entre Tinian (en las islas Marianas) y Hiroshima, estábamos muy nerviosos. Theo Van Kirk nos iba dirigiendo, hasta que el bombardero (el mayor Tom Ferebee) decidió que veía lo suficiente para tirar la bomba. Y mi responsabilidad era chequear los instrumentos de la bomba y tenerla lista para que Tom pudiera tirarla cuando quisiera. En teoría debía explotar 43 segundos después de ser arrojada. Por eso me asusté cuando llegué a 43 y no pasó nada, pero de los nervios me había apurado al contar", recordó.


Sin dormir


Veterano de 58 misiones sobre Alemania e Italia, Van Kirk no durmió la noche previa. "¿Cómo iba a dormir después que me contaron lo que íbamos a hacer? No sabíamos si nos iba a volar en pedazos a nosotros en cualquier momento, o si iba a funcionar cuando la arrojáramos", razonó.


Pero funcionó. A las 8.15 y a una altura de unos 580 metros sobre Hiroshima se produjo la fisión nuclear.


Unas 66.000 personas murieron en cuestión de segundos y se estima que otras 74.000 murieron con el correr de los días, meses o años por efectos de la radiación. El 9 de agosto, la bomba Fat-Boy sumó otros 40.000 muertos inmediatos en Nagasaki y otros muchos después. Era el final de la Segunda Guerra Mundial y del mundo, como se conoció hasta entonces. Comenzaba la escalada atómica y la Guerra Fría.


Pese a las críticas que han afrontado con el correr de las décadas, los tripulantes del Enola Gay, nombre de soltera de la madre de Tibbets, recuerdan que la visión era muy distinta entonces, en particular para quienes estaban en los frentes de combate.


"Llevábamos cuatro años en guerra sin parar, a mi lado murieron 4 compañeros e hirieron a otros 3. Y cuando volvimos a nuestra base luego de lanzar aquella bomba yo estaba feliz: nos íbamos a casa", dijo Van Kirk, quien se había enlistado en 1940, a los 19 años.


Al igual que Tibbets y Jeppson, Van Kirk también se perturba al recordar la ola antibelicista que envuelve desde hace décadas aquella misión y cómo es equiparada, ahora, al ejemplo máximo de la estupidez y la locura humana.


"Las imbecilidades que han circulado para fortalecer esos argumentos son increíbles. Ninguno de nosotros terminó loco, ni se hizo monje de clausura, como se rumoreó. Vivimos vidas normales. Estoy casado, tengo 4 hijos y 7 nietos", dijo desde Georgia.


Tibbets ascendió a general y, tras dos décadas más en la fuerza aérea, se retiró; Van Kirk llegó hasta mayor antes de retornar a la vida civil con 17 medallas y condecoraciones. Pero sólo Jeppson siguió vinculado con la dimensión nuclear que ellos ayudaron a abrir. Tras la guerra, trabajó en el Laboratorio Lawrence Livermore, del gobierno estadounidense, en un equipo que desarrolló armas termonucleares.


"Volvimos agotados de aquella misión. Pero no recuerdo que aquella noche haya tenido problemas para dormir, dijo. Y para que le quede claro: ni aquella noche, ni desde entonces."

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AM

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