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Descubren a un inesperado pariente del ser humano

Por Armando Maronese - 5 de Agosto, 2005, 0:33, Categoría: Ciencia - Salud

Es el mayor hallazgo en décadas y mide un metro de estatura y convivió con el Homo sapiens. Son los huesos de un niño, pensaron los antropólogos mientras examinaban los restos de un remoto habitante de la isla de Flores, Indonesia, hallados en una de sus cavernas. Después de todo, los huesos indicaban que la criatura ni siquiera había alcanzado un metro de estatura.  

 

Era septiembre de 2003. Lo que los investigadores indonesios y australianos no sabían, era que habían encontrado los primeros restos de una especie desconocida de homínido –ahora bautizado Homo floresiensis–, que se extinguió hace tan sólo 12.000 años, pero que, probablemente, haya convivido con el Homo sapiens, en un mundo perdido habitado por lagartos gigantes y elefantes en miniatura.

 

El hallazgo, difundido ayer, replantea "qué es un ser humano o un miembro del género homo –afirmó el doctor Chris Stringer, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Londres, Inglaterra–. Y nos muestra lo poco que sabemos, en realidad, sobre la evolución humana". El hombre de Flores, cuya primera descripción, publica hoy la revista científica Nature, combina caracteres de diferentes especies: tiene el cerebro del tamaño de un chimpancé, los huesos de la cadera se asemejan a los del primate prehumano llamado Australopithecus, y su rostro es pequeño y delicado, como el de los seres humanos.

 

Aun así, el rasgo más sobresaliente es su reducida estatura, lo que le valió el apodo de "hobbit", en homenaje a los diminutos personajes de la novela "El señor de los anillos", de J. R. R. Tolkien. Es que el esqueleto del ejemplar catalogado LB1, aquel que permitió la descripción de esta nueva especie, medía 91 centímetros. Y esa estatura no se debía a su corta edad: un análisis minucioso de los dientes reveló que LB1 debió haber cumplido los 30 años de edad.

 

Estudios posteriores de su osamenta mostraron que el hombre de Flores en realidad fue mujer.

 

Tras las huellas

 

Seis años antes del descubrimiento del Homo floresiensis, Mike Morwood, uno de los antropólogos autores del hallazgo, publicó un artículo científico que afirmaba que 800.000 años atrás, la isla de Flores había recibido la visita del Homo erectus (un primo lejano del Homo Sapiens), proveniente de la isla de Java. Prueba de ello eran herramientas de piedra de esa antigüedad desenterradas en la isla.

 

Claro que la afirmación contradecía la hipótesis entonces asumida, de que en su travesía por el Pacífico este homínido se había detenido en Australia. Así fue como la mayoría de los antropólogos se olvidaron del tema. Sin embargo, Morwood y sus colegas indonesios del Centro de Arqueología de Yakarta siguieron tras las pistas del Homo erectus.

 

En septiembre del año pasado, los antropólogos se toparon con siete ejemplares de homínidos (uno casi completo, seis representados por restos dispersos), en una caverna de piedra caliza apodada Liang Bua, ubicada en la región central de la isla de Flores, rodeada de plantaciones de café.

 

"Estuve a punto de caer de rodillas al examinar el espécimen", dijo el paleoantropólogo Peter Brown, de la Universidad de Nueva Inglaterra, Australia, uno de los autores del hallazgo. No era para menos. Lo que tenía entre sus manos no era un Homo erectus, tampoco un Homo sapiens, sencillamente: no era nada conocido.

 

¿Qué era? Un homínido, no había ninguna duda. El problema era en qué lugar del árbol genealógico ubicarlo, o, en otras palabras, ¿cuál es el vínculo de parentesco que nos une con el Homo floresiensis?

 

Cuestión de tamaño

 

Una de las mayores sorpresas que nos ha dado el hombre (o la mujer) de Flores, es su edad -escribió en Nature el doctor Stringer-. Dos métodos de datación coinciden en que el esqueleto tiene 18.000 años. Sus ancestros, probablemente una forma de Homo erectus, pudieron haber llegado a la isla en la cacería del Stegodon (una forma primitiva de elefante, de reducida estatura), gracias a alguna forma de bote o caminando a través de un puente de tierra temporario.

 

Las hipótesis sobre las costumbres alimentarias de estos homínidos, se nutren del hallazgo en la caverna de Liang Bua de restos de dientes y huesos de Stegodon, así como de ratas, murciélagos y peces. Los investigadores también desenterraron herramientas de piedra, que sugieren que los Homo floresiensis vivían (y cocinaban) en esas cavernas.

 

La otra gran incógnita es su corta estatura. Para Stringer, su aislamiento del resto de los Homo erectus y su posterior entrecruzamiento (en una comunidad cerrada), quizá sean lo que los llevó a desarrollar un reducido tamaño corporal. Este es un proceso verificado en otros mamíferos.

 

Otra hipótesis plausible, es que este primo lejano del hombre moderno, debió reducir su tamaño para adaptarse a una restringida disponibilidad de comida o a la necesidad de escapar de sus predadores.

 

Quizá la mayor amenaza que debió enfrentar el hombre de Flores, fuimos nosotros, los sapiens.

 

Los registros antropológicos señalan, que los primeros Homo sapiens en poner pie en la isla de Flores, llegaron hace entre 55.000 y 35.000 años. En cuanto al Homo floresiensis, la datación de los siete ejemplares hallados en Liang Bua, reveló que los más antiguos tienen 94.000 años, mientras que los más jóvenes sólo 13.000 años.

 

De todas las incógnitas en torno de esta nueva especie, quizá la que cueste más resolver sea la causa de su extinción. Los investigadores postulan que su desaparición, pudo haberse debido a una erupción volcánica que arrasó la isla 12.000 años atrás, o a su derrota en la cotidiana lucha por el alimento ante los sapiens.

 

Debido a algún cambio climático o al impacto de los modernos humanos, que comenzaron a dispersarse a partir de África hace aproximadamente 100.000 años, la extraña historia del Homo floresiensis, eventualmente culminó en su extinción -comentó Stringer-. Pero los modernos humanos deben seguramente haberse encontrado con estos diminutos parientes y este descubrimiento, muestra cuánto todavía tenemos que aprender sobre la historia de la evolución humana.

 

Para Brown, lo más significativo (de este hallazgo), es que hubo una época hace no mucho tiempo, en que dos especies humanas muy diferentes caminaban por el planeta.

 

Sorpresa y cautela ante el hallazgo

 

El descubrimiento del Homo floresiensis, ha sido calificado por publicaciones de divulgación científica, como el hallazgo paleoantropológico más importante de los últimos cincuenta años.

 

Cuando se encuentra un nuevo fósil, es habitual que se diga que reescribirá los libros de texto de la antropología. Pero en el caso de este sorprendente descubrimiento realizado en Indonesia, esta afirmación está completamente justificada, escribió en Nature, Chris Stringer, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Londres, Inglaterra.

 

En la Argentina, la noticia del hallazgo generó reacciones dispares. Para Mariana Carballido, del Instituto Nacional de Antropología, es un descubrimiento sorprendente, porque estaríamos hablando de una rama independiente del género homo, inusitadamente reciente.

 

Otorgar la categoría de especie, es algo que debe ser validado por un consenso de expertos, y que requiere el hallazgo de otros especímenes y su estudio minucioso, opinó la doctora Inés Baffi, bioarqueóloga del Conicet e investigadora del Museo Etnográfico. Todavía es muy pronto como para aceptar la propuesta de una nueva especie.

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AM

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