Calendario

<<   Julio 2005  >>
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Archivos

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog

Silencios y violencias en la escuela

Por Armando Maronese - 29 de Julio, 2005, 2:42, Categoría: Sociedad - Estilo de vida

"De la nada, nada sale", dice un sabio proverbio. La violencia no sale de la nada. La violencia no es ni una propiedad, ni una forma de relacionarse intrínseca de ciertos individuos o grupos, sino que es una cualidad asociada a determinadas condiciones materiales y simbólicas de producción de la vida.   

 

Por ello es necesario preguntarnos, en el caso de los niños, adolescentes y jóvenes, como están viviendo y cómo transcurre su paso por el sistema educativo. El riesgo de no preguntar se vuelve más grave aún, cuando la respuesta viene a catalogar a los jóvenes de violentos por vestir ropas negras o escuchar rock pesado. A este estigma, parecen contribuir los medios cuando tratan los fenómenos de violencia en contextos escolares como "problemas entre sujetos" enmarcados siempre en el orden de lo delictivo.

 

La violencia estalla todos los días en la escuela. Existen violencias sutiles, como las agresiones emparentadas a las burlas y la ironía; hay violencia incluso en el sistema educativo y en la sociedad, de la que la escuela es parte. Claramente, estas violencias se diferencian de la violencia como práctica excepcional, fenómeno extraordinario, patología grave, accidente o acción planificada y orientada hacia un fin.

 

Pero los medios no venían hablando de aquéllas violencias sino hasta que la tragedia ocurrió. Lo "noticiable" es lo que impacta, y no suele enfatizar lo que realmente importa y lo que realmente pasa, pensando en soluciones de fondo y a largo plazo.

 

Los medios hacen noticias solamente de casos extremos y siempre lindando con lo delictivo, alimentando con cada relato la idea de que la "violencia escolar" se reduce a estos casos patológicos y criminales. Esta operación significa callar, significa reducir un fenómeno social complejo y preocupante, que nos afecta y nos reclama soluciones pertinentes, a "la locura de un adolescente".

 

Pero hay otro silencio, uno de más larga data, que es el de no nombrar, ni denunciar las violencias que padecen los niños, los adolescentes y los jóvenes, por ejemplo, cuando deben trabajar para vivir o para seguir estudiando, cuando no comen lo debido, cuando son maltratados en distintas instituciones como las comisarías, cuando las familias se quiebran, cuando los adultos no los registramos y no los acompañamos, cuando la sociedad los excluye y no ven futuro. Y el silencio se paga en algún momento, o estalla en grito, ya tarde para remendones.

 

Violencias

 

El plural es válido para poder pensar y nombrar, todo aquello que abarca la problemática de la violencia, en relación a la escuela. El campo de la investigación, nos indica tres niveles de análisis de los fenómenos de violencia que ocurren en el contexto escolar: la violencia interpersonal (entre personas: docente-alumno, alumno-alumno, padre-docente, etc.), la institucional (los mecanismos propios de la escuela que generan violencia o aquellos que no evita cuando podría hacerlo), y la estructural (los factores sociales y culturales, que en una sociedad generan violencia).

 

He ayudado en trabajos sobre la problemática de la violencia y la escuela, en muy diversas oportunidades, a partir de líneas teóricas existentes como marco de comprensión y analizando su tratamiento mediático. Mi investigación ha confirmado, que la violencia toma lugar en la opinión pública y en los medios, cuando se producen manifestaciones de violencia interpersonal, que puedan sostener la figura de los niños o adolescentes violentos, o del miedo y el horror instalados en lo más cotidiano: un docente abusador, un docente que castiga o un niño con un arma. Esto último tan en boga últimamente.

 

¿Qué efectos de sentido tienden a operar estas representaciones mediáticas? Que la sociedad interprete como natural, inexplicable y por la tanto, inevitable, la violencia en ciertos individuos, y proponga así que se expulse al niño o adolescente riesgoso y violento. Así se cancela la noticia, hasta que un nuevo niño violento y todo el procedimiento mediático-policial-judicial deja a la escuela igual y como está.

 

Telón de fondo: el delito

 

Los medios no muestran ni hablan de la violencia cotidiana en el contexto escolar, más que cuando los hechos violentos lindan lo delictivo. Y no es que esté mal denunciarlos, pero sí es incorrecto presentar la "violencia escolar" agotada en dichos casos, haciendo invisible la trama de violencia cotidiana que se vive en cualquier escuela todos los días. La simplificación en el discurso, genera un efecto de sentido riesgoso respecto de los jóvenes, los chicos y la violencia. La estigmatización es el proceso, por el cual se le adjudica un atributo negativo a un grupo, que logra anular los otros atributos.

 

Las noticias como construcciones discursivas, tienden a estigmatizar a los jóvenes al individualizar a ese sector social como "violento": más precisamente son los adolescentes y jóvenes  de los sectores populares, quienes se constituyen en objeto de discursos estigmatizantes y difamatorios, que los posicionan como la causa de la violencia que nos toca vivir, insistiendo en la necesidad del encierro y mano dura.

 

La violencia que vemos todos los días, y que asusta, refleja otras formas de violencia que no se ven y que forman el tejido de que la violencia está hecha.

 

Por ello, vale la pena investigar cómo se entiende y se vive la violencia en el ámbito escolar, dentro de un contexto de desigualdad creciente en Argentina, que marca y construye realidades, que abre heridas, y que deja vacíos donde la violencia irrumpe.

 

Un problema social

 

Las manifestaciones de violencia, son así uno de los múltiples problemas sociales que afectan a la escuela, entre otros escenarios, y en especial a los grupos más vulnerables: los niños y adolescentes.

 

Todos los estudios existentes postulan que su causa no es una, ni es lineal, sino que sus factores son muchos y están en interpelación, como hilos entrecruzados que forman un tejido; y que a su vez se influencian entre sí.

 

Ni es producto de un solo factor, ni es un tema que le concierne sólo a los maestros, o que remita a dos o tres alumnos-caso, o que afecte a una o dos escuelas. Es una cuestión social, de la sociedad toda. No es un atributo propio de un grupo de jóvenes vestidos de negro, ni una tendencia innata en ciertas personas determinadas (causada linealmente por sus genes biológicos o su ambiente: familia o grupo de pares). 

 

La violencia, está en relación directa con una sociedad que excluye, y con la impotencia de que cada vez, hay más sujetos para realizarse y fundar con otros un horizonte común en tiempos de globalización y dilución del Estado Nación. Veamos algunos indicadores: el índice de desigualdad social en Argentina se ha triplicado en los últimos 30 años, del 12% al 32% y los lazos sociales no resisten; es un tejido roto, fragmentado, que sigue estirándose por los costados, tironeado por manos y dientes, mientras sus fisuras abren vacíos donde la violencia crece.

 

Los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), a partir del censo 2001 son contundentes respecto de la desigualdad social y la vulnerabilidad que reflejan: un 49% de los argentinos están bajo la línea de la pobreza, es decir que media Argentina es pobre.

 

En su hogar perciben un ingreso menor a $ 750.- para 4 personas. Entre ellos, un 20% es indigente. Otras luces rojas vienen reclamando atención: un niño de cada cuatro, trabaja en el mercado informal para poder comer (el 60% está en zonas urbanas y el 40% en zonas rurales), un 20% de los niños argentinos está desnutrido, 100.000 chicos desertaron de la escuela durante el ciclo lectivo 2004.

  

Si estas formas de violencia reales no se ven, ni se dicen, ni se denuncian, ni se revierten, no esperemos adolescentes encantados con la vida y el mundo. Pero más aún, ¿quién los escucha y quién los contiene?

 

En este sentido, algo nos cuestiona como adultos: ¿quién protege de la exclusión a nuestros jóvenes y niños? ¿Quién los cuida entre tanta vulnerabilidad? ¿Quién les ofrece un horizonte de expectativas de futuro mejor? ¿Quién va a hacerse cargo de tanta violencia padecida?

 

Y la respuesta urge, porque la violencia engendra más violencia.

 

Lo no dicho

 

Lo que no se dice, porque no puede simbolizarse en palabras, "se dice de otras formas", se dice con el cuerpo, se dice con los actos. Las agresiones, las auto-agresiones, las adicciones, son problemáticas de esta índole.

 

Adicción: del latín "adictum" que quiere decir "no dicho". La violencia aparece en lugar de las palabras. Si antes, la preocupación de la escuela remitía a su democratización, a darle voz a los chicos, hoy uno de los desafíos más grandes que enfrenta, es el de escuchar este lenguaje de la violencia, por más desarticulado que nos parezca, que habla de violencia padecida y vulnerabilidad.

 

Violencia que tenemos que aprender a leer, a escuchar. Violencia que poco aparece en la sección educación de los diarios, mientras la sección desaparece. Violencia que de no tratar, permanece invisible y naturalizada, pero sigue cobrando víctimas: los chicos y la educación.

 

Habrá que sintonizar una nueva frecuencia y agudizar el oído y la vista para interpretar qué dicen los chicos cuando no hablan.

 

Los debates suelen situarnos en dos soluciones, dos contenciones que parecerían deshilvanar este tejido de la violencia, desarmarlo: una familia y una sociedad que los incluyan.

 

Así de simple y difícil. ¿Habría una tercera? ¿Podría haber una escuela responsable?

 

Responsable: Vocablo que quiere decir "alguien que responda", con la esperanza de que atenuando aquellas condiciones que propician la violencia, es posible atenuar la violencia, es que se podría seguir trabajando, leyendo signos de este tiempo y apostando a la educación en su sentido más amplio y más profundo.

 

Claro, que todo esto vale para padres e hijos de clase media, de clase pobre e indigentes. Otra cosa muy distinta, es para padres e hijos de clase media alta, clase alta y millonaria.

 

Nada que ver unas con otras. Los temas, actos y consecuencias son muy diferentes, ¿no?. En unos hay odios y resentimientos y, en otros...., qué tema difícil!!!.

.

AM

.

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

Blog alojado en ZoomBlog.com