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Consuélate consolando

Por Armando Maronese - 22 de Julio, 2005, 2:10, Categoría: Opinión

Antes del auge y reinado de los medios de comunicación masivos, el dolor, el sufrimiento y la tragedia se encontraban delimitados sólo al ámbito familiar, sólo si era muy grave trascendía los límites de cada hogar para transformarse en algo social.  

En la actualidad, las imágenes son capaces de transmitir y transportar el dolor "en vivo y en directo" a cualquier rincón del mundo. Contemplar el dolor y la tragedia ajena, se convirtió en algo tan común que la capacidad de asombrarse y conmoverse se ha vuelto cada día más insensible y amorfa. La enorme cantidad de tragedias que inundan al mundo, son compartidas por todos o casi todos sus habitantes, una realidad que logró atrofiar la capacidad de analizarlas y lograr una actitud positiva a partir de ellas.


Sin embargo, el dolor y el sufrimiento, propios o ajenos, siempre estarán presentes en la vida del ser humano y, por lo tanto, consciente o inconscientemente, intentar eludirlos será una tarea infructuosa. La mejor decisión es admitirlos, enfrentarlos y aprender a vivir junto a ellos.


Dos autores, desde distintas visiones, reflejan esta realidad. Ambos ven la raíz del asunto aunque no la asumen de igual manera. El pesimismo de Arturo Schopenhauer se contrapone con la esperanza y optimismo del obispo Paul W. Von Keppler.


Schopenhauer, adelantado a su tiempo, reflejó fielmente nuestra época. El más eficaz consuelo en toda desgracia, en todo sufrimiento -escribió- es volver los ojos hacia los que aún son más desgraciados que uno, asegura y agrega: "Igual que los carneros que juegan en el campo mientras que, con la mirada en el rebaño, el carnicero hace su elección; nosotros no sabemos en nuestros días de felicidad que desastre -enfermedad, persecución, ruina, mutilación, ceguera, locura, etc.- el destino nos tiene preparados". La vida del hombre -completa- es un combate perpetuo, no sólo contra los males abstractos, la miseria o el aburrimiento, sino también contra los demás hombres.


El pensador alemán adopta una de las actitudes posibles ante el dolor, sin embargo, Von Keepler asegura que saber sufrir es muy importante e indispensable. Asegura, al respecto, que el arte de padecer es el arte de vivir y recomienda: "lo que un dolor haya de significar en tu vida, depende de ti y de tu voluntad. Por sí solo, no es un mal ni un bien, ni amigo ni enemigo. Es simplemente lo que tú hagas de él. Es sólo materia prima, tú has de elaborarla moralmente y puedes hacer de ella una de estas cosas: veneno o medicina, destructor explosivo o un propulsor útil".


Y en la consolación encuentra el equilibrio, "consuélate consolando, en lugar de estar con la vista fija en tu propia tribulación, vuelve los ojos a la ajena. En lugar de encontrar insoportable tu carga, añade también sobre tus hombros, la carga de algún otro. En lugar de lamentarte, compadece a los que aún están peor".


Pero no como los carneros de Schopenhauer, ni como una fórmula mágica que hará desaparecer los dolores propios, sino como una actitud de transformación interior cuya base y esencia es, o debería ser, el motor de todas las actividades del ser humano: el amor. El amor, es el sentimiento mayor del ser humano, capaz de dar vida, evitar la muerte, crear esperanza, dar fe y soportar las peores tragedias de este mundo.


Tomar una actitud activa y no pasiva ante el dolor ajeno, vencer la adormecida capacidad de asombro, ejercitará y fortalecerá, entonces, el mecanismo interior de la propia consolación frente al dolor personal.

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