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Libertad para imaginar algo diferente

Por Armando Maronese - 21 de Julio, 2005, 1:03, Categoría: Opinión

Nací en la época del 1 a 1. Los argentinos piensan inmediatamente en la era Menem-Cavallo y en la convertibilidad. Pero no, no soy de la era de esos dos sujetos indeseables. Soy de la clase cuando un peso "nacional" equivalía a un dólar, porque ése era el valor de nuestra moneda y era la quinta moneda más fuerte del mundo. Sucesivos gobiernos devaluaron el peso con la quita progresiva de 14 ceros, hasta el día de la fecha (año 2005).  

Si en mi época, un economista hubiera pronosticado que el peso sería devaluado con 14 ceros, todos habrían profetizado la extinción de la economía de la Argentina. No obstante, existimos casi por milagro. Esos 14 ceros con que devaluaron nuestra moneda, pueden ser también una manera de medir cuánto nos han robado durante todos esos años.

Era niño cuando fui por primera vez a Buenos Aires, luego de 404 kilómetros de viaje en tren. Ahora puedo ir en coche-cama, no viajo más rápido; pero eso sí, pago mucho más caro.

Desde Buenos Aires, se mandaba una carta y llegaba en dos o tres días. Hoy tengo Internet y mis cartas llegan en diez, quince días o más.

Cuando era chico, me hablaban de la tercera guerra mundial y del peligro amarillo: los chinos. Más tarde, comprendí que, en otras partes del mundo, nunca se había hablado de tercera guerra mundial, ni del peligro chino. Después de analizar y reflexionar un tiempo, me di cuenta que ésa era la manera de "meternos miedo" de cosas que estaban muy lejos, mientras nos robaban la libertad, la economía, los valores, la transparencia en la política...

Al crecer, aprendí que el mundo estaba dividido en dos, por un muro entre oriente y occidente, el este y el oeste. Como emblema, valían las fotos del muro de Berlín y, a menudo, la noticia de los muertos por escapar del este al oeste. Al final de los años ochenta, cayó ese muro y todos los diarios del mundo, anunciaron la paz universal.

Parece milagrosa la capacidad que tenemos los humanos de construir nuevos muros. Entonces, se hizo un nuevo muro; por ejemplo, entre los Estados Unidos de Norte América y México, que se extiende desde las playas hasta el desierto. También ahí mueren hasta compatriotas nuestros, por pasar de un lado al otro, tras una tierra prometida.

Los africanos, que quieren llegar a la Unión Europea en busca de una mejor calidad de vida, también enfrentan un muro, pero en el agua. No pasa casi una semana sin que se pregone la noticia de un naufragio, de un vagón o camión en el cual murieron asfixiados inmigrantes ilegales.

Luego se hizo otro nuevo muro, entre Israel y Palestina; lo importante era crear más odio y rencor.

Mataba el muro que dividía el este del oeste; mata el muro de norte a sur; mata el muro de medio oriente; mata el muro del agua.

Cuando existía el muro entre el este y el oeste, en nuestros países de América Latina, también nos dividíamos entre derecha e izquierda y se torturaban y mataban entre hermanos.

Hoy en día, levantamos muros que dividen el mundo entre ricos y pobres y en nuestros países, edificamos muros para cercar barrios cerrados, shoppings, áreas de acceso restricto que separan a los "necesitados" de los "pudientes".

Aún era un niño, cuando apareció en casa la primera radio, compuesta de un gabinete grande, de madera lustrada. La colocaron en un mueble, sobre un mantelito blanco. Lucía como el Sagrario en un altar. La familia se reunía para escuchar las voces que venían desde lejos. Pocos años después, invadió la televisión y ocupó el lugar de la radio. En esos tiempos, a veces, se interrumpía el trabajo, para escuchar la radionovela o la telenovela. Los medios de comunicación, imponían un ritmo a nuestra vida.

Posteriormente, surgieron las radios a transistores y transportábamos nuestra radio a todas partes.

Cuando nació la televisión, leí en los diarios que podría desaparecer la radio, que también existía el riesgo que se terminara el cine. Nada de eso sucedió. La radio mejoró muchísimo en calidad de transmisión y contenido. Y el cine, también. Fui yo quien tuvo que decidir si leía el diario, escuchaba la radio, miraba televisión o iba al cine.

Recuerdo el viejo tocadiscos que había en casa. Recuerdo los grandes discos de 76 revoluciones, las púas y el mecanismo. Hasta que se creó el tocadiscos más moderno. Los discos de 45, de 33, incluso, vi el anuncio de las 16 revoluciones por minuto.

Luego, llegaron los grabadores y escuchamos música en casetes... Y salieron los CD, más adelante los mp3, luego los DVD. Sin embargo, no se extinguió ninguno de los medios de comunicación preexistentes.

En el catecismo y la misa del domingo, me aburría escuchando un idioma que no entendía: el latín, aunque luego que lo aprendí me gustó.

Durante esos años, me enseñaron que ese idioma era una imagen de la unidad de la Iglesia y de los católicos. Recuerdo, todavía, la cara escandalizada de mi profesor de liturgia, cuando le confesamos que nosotros no creíamos en eso.

Estábamos en los años sesenta y había aire de renovación. Se desterró el latín, cambió la forma de celebrar la misa, se modificaron nuestros catecismos..., y la Iglesia continúa unida.

Hoy, también escucho y leo muchas profecías y pronósticos: sobre la política, sobre la economía, sobre la sociedad, sobre la educación, sobre la cultura, sobre la Iglesia...

Y es verdad, que las profecías y los pronósticos me dicen que todo cambia. Que nada será igual. Al mismo tiempo constato, que todos los pronósticos y las profecías contienen una parte de verdad y una parte de mentira.

A lo largo de estos años he confirmado, que no puedo proyectar mi vida según las profecías y los pronósticos de periodistas, políticos, futurólogos... Cinco décadas de vida, y un poquito más, me han enseñado que los valores trascienden la superficialidad de muchos profetas. Nadie me puede sacar la libertad de pensar algo diferente de lo que algunos "interesados" pretenden hacerme creer.

Creo que mi futuro está en mis manos y en la voluntad de Dios. Pero mis manos y la voluntad de Dios, pasan por mi libertad, por lo que yo quiero hacer.

¿No les parece?

AM

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