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Maternidad y Vocación

Por Armando Maronese - 19 de Julio, 2005, 2:30, Categoría: Opinión

¿Se puede ser madre -buena madre, se entiende-, y a la vez cumplir con una gran vocación? ¿Una vocación que demande tanta energía, creatividad y entrega emocional como la maternidad?   

¿El rol maternal condiciona o va en detrimento de la plena realización personal? ¿Es posible, en fin, triunfar como madre y, al mismo tiempo, tener éxito en la vocación elegida?

Mal que les pese a algunas mujeres, parecería que siempre hay que pagar un precio; renunciar a algo. Sin embargo, dependerá no sólo de la carrera elegida sino del orden de prioridades y posibilidades que la maternidad y la vocación no se conviertan en enemigas acérrimas.

Ser madre no debería ser visto sólo como un deber, algo que están obligadas a cumplir a la perfección. ¿Qué es la perfección, después de todo?. ¿Es obligación la maternidad?

Si la vocación de la mujer es absorbente, sin horarios y requiere una gran energía personal, es cierto que las decisiones se dificultan.

Muchas veces, el querer ser -¿o el deber ser?- una MADRE, postergando indefinidamente la concreción de los anhelos más íntimos, a la larga provoca frustración, rabia y resentimientos -no confesados-, contra los hijos.

En otras ocasiones, los precios que pagan las mujeres madres que respetan su vocación, son muy altos: sentimientos de culpa, al postergar cosas de los hijos; impotencia, por no poder repartirse -¿o partirse en mil pedazos?- entre la vocación y la maternidad; frustración, por no dar abasto con todo sin que ningún amor vaya en detrimento del otro, sin que ningún rol se vea demasiado afectado.

Cualquiera de los sentimientos mencionados, son negativos y no sirven para nada. Los hijos no deberían crecer en medio de tantos conflictos maternales. Aunque sean íntimos, inconfesados y la mujer pretenda negarlos hasta a sí misma, de todos modos existen y, si bien no son transparentes, el mensaje llegará, de algún modo, a los hijos.

Para obtener algo en cualquier situación de la vida, es necesario sacrificar algo. ¿Estamos de acuerdo en esto?. Una solución salomónica, indicaría que tal vez -sólo tal vez-, el postergar determinados logros mientras los hijos crecen y ganan su espacio en ellas, no necesariamente implica renunciar en lo esencial, a la vocación elegida.

Buenas estrategias son necesarias, para que la maternidad se convierta en una aliada de la vocación. Después de todo, la maternidad y la vocación no tienen por qué ser rivales, también pueden complementarse, convivir y, según el caso, momento o lugar, la una puede cederle algún espacio a la otra.

Una condición esencial para triunfar como madres y tener éxito en la vocación (el éxito al que cada mujer aspire, no el impuesto por la sociedad), sería despojarse de los ingratos sentimientos antes aludidos. A la vez, ser prácticas y concientes de cómo, cuándo y a qué deben renunciar, por determinado tiempo y prepararse para ello.

No siempre una gran vocación conlleva debatirse entre el todo o nada; en la exclusión de los extremos; es posible actuar con prudencia, sin prisa y sin pausa en pos de los objetivos sin perder de vista la realización como madres.

Deberían poder disfrutar de la maternidad, no padecerla, no someterse a ella por obligación. Para un niño es importante que su madre le cocine, por ejemplo, si a ella le gusta hacerlo. Pero es tanto o más importante que juegue con él, que le lea un cuento, que lo escuche "entusiasmada", no a desgana porque tiene que prepararle la comida. Elijo este ejemplo, porque siempre hay mujeres que detestan cocinar o lavar la ropa, quizás y nunca se han sentido culpables por no hacerlo, si podían delegarlo en otra persona.

En este tema de la maternidad y la vocación, creo que a menudo la primera se pone como excusa para no enfrentar los miedos, las indecisiones o la pereza que les ocasiona -a algunas mujeres-, seguir los dictados de la segunda. Parece más fácil poner el impedimento afuera, en este caso en los hijos, que buscarlos en una misma. Del mismo modo que muchos jóvenes, y no tanto, culpabilizan a la educación recibida de los padres, por no haberse atrevido a concretar ellos sus propias ambiciones.

Cuántas veces escuchamos esta frase. "¡Si no fuera por ellos!". Y cuando los hijos crecen y se termina la excusa, viene esta otra: "¡Si hubiera empezado antes!. Ahora ya es tarde. No importa. Ellos son mi vida".

Para algunos hijos –otros no-, es traumático cargar con el estigma de tener una madre que vive para ellos. ¡Ser la razón de la vida materna es un peso tremendo! Les quita libertad, los convierte en rehenes. ¡Cuánta presión! ¿Cómo abandonarla o postergarla? A ella que se sacrificó tanto y los necesita (como compañía, excusa, para dar sentido a su vida). Lo más seguro, es que los hijos se sientan incómodos y atrapados, además de obligadamente agradecidos.

Para otros, el deber de ser hijos modelo, les implica dedicar a la madre horas que quieren y necesitan para ellos y su entorno: los amigos, la novia, un deporte, la propia vocación, cualquier sano esparcimiento. Sin embargo, no deben ser egoístas, tienen que hacerse un tiempo para acompañar o visitar a la madre, cuando ésta lo sugiere o los llama, a lo mejor, en el momento en que menos ganas tienen de hacerlo.

¿Por qué deben y tienen? "Porque ésta es una casa, no un hotel". "Porque yo siempre vivo preocupada, pensando en ustedes y no están nunca".

¿No sería más deseable que los hijos también pudieran disfrutar, y no padecer, a los padres? ¿Gozar de su compañía cuando ambos tengan ganas? Ya llegará el momento en que deberán, sí o sí, encargarse de sus madres ancianas. No hay ninguna razón para adelantarles una responsabilidad (o cobrarse un derecho), tratándose de mujeres de edad madura todavía útiles y activas.

Para el bienestar de las madres y el bienestar presente y futuro de los hijos, la maternidad y la vocación (si no existe habrá que buscarla), no deberían ser rivales enfrentadas, sino compañeras solidarias y ¿por qué no?, a lo largo de toda la crianza.

La mujer tiene el derecho y hasta el deber, de realizarse plenamente, en la actividad que elija, sin que esto implique afectar para nada su condición de buena madre.

Por el contrario, sentirse útil, ser más feliz, vivir su propia vida, son los mejores ejemplos que puede darle a sus hijos.

¿No les parece?

AM

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