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Los fracasos escolares, un síntoma de una enfermedad de comunicación

Por Armando Maronese - 19 de Julio, 2005, 2:35, Categoría: Cultura - Educación - Literatura

Es muy común que, al terminar los cursos educativos, haya una mayor preocupación en torno al rendimiento escolar de los hijos, que son alumnos.   

 

Si bien, en muchos, la preocupación es constante a lo largo del año, se ve expresamente potenciada al enfrentar la realidad de un posible fracaso académico.

 

El fracaso escolar es un síntoma, como lo es la fiebre o una inflamación. Y tal como la fiebre y la inflamación, no son la enfermedad sino el síntoma (de una infección, por ejemplo). El fracaso escolar tampoco es la enfermedad, sino el síntoma; de incomunicación, por ejemplo.

 

Muchos problemas de comunicación familiar, se ven reflejados en un bajo rendimiento escolar. Cuando el niño, el adolescente o el joven, no tienen la contención hogareña adecuada, suelen manifestar su situación afectiva en conductas especiales.

 

Algunos lo expresan buscando compensaciones, que los satisfagan en forma inmediata y temporal, que van desde quedarse varias horas frente al televisor, hasta consumir alcohol sin control, pasando por los juegos de computadora en el cibercafé, el placer sexual, el culto desmedido al propio cuerpo o el refugio en algún tipo de adicción.

 

Así, el fracaso escolar, surge como el resultado de "tener la cabeza en otra cosa"; el niño, el adolescente o el joven, están buscando satisfacción porque necesitan que los amen, que los comprendan, que los escuchen y, como eso no lo encuentran, buscan sustitutos. Pocas veces la escuela logra cubrir esa necesidad. Y, si lo jóvenes lo hacen, es en otros terrenos pero no con el estudio.

 

¿Entonces? Padres y docentes, quieren soluciones para "salvar" al estudiante de su fracaso escolar y las buscan en una mayor exigencia, en privar al hijo o al alumno de otras actividades (salidas, fiestas, deporte) o en clases extra y refuerzos académicos.

 

Sin embargo, "esos remedios" atacan el síntoma pero no apuntan a curar "la enfermedad". Si volvemos al ejemplo inicial, serían paliativos que bajan la fiebre o la inflamación, pero que no curan la verdadera infección.

 

Esos esfuerzos pueden servir para aprobar una materia, o varias, pero el problema que ha generado el fracaso escolar, perdurará. Hasta que no logremos estar en verdadera comunicación con el niño, el adolescente o el joven, no lograremos comprender que les ocurre, cuáles son sus sueños y aspiraciones, que es lo que lo inquieta, cuales son sus interrogantes vitales y si está viviendo sana y equilibradamente su crecimiento.

 

Hagamos un esfuerzo por encontrar nuevos y mejores caminos de comunicación. Esa verdadera comunicación, que consiste en salir de uno mismo y preocuparse por el otro en su situación. Busquemos resolver los fracasos escolares por lo que ellos significan, para el que los sufre en carne propia y no sólo para que el alumno o el hijo no "nos moleste" con ese fracaso.

 

Confiemos, convencidos, en que la comunicación sincera es camino de maduración y crecimiento. Para todos.

 

¿No les parece?

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AM

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