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Un apasionado de los carruajes

Por Armando Maronese - 16 de Julio, 2005, 20:41, Categoría: Campo - Pueblos - Ciudades

Eladio Cerino unió a su amor por los caballos, el entusiasmo por la colección de antiguos vehículos; en su estancia Santa Lucía, ubicada en la localidad de San Francisco, Córdoba, atesora y exhibe sopandas, berlinas, carretas, chatas, volantas y sulkies.   

 

Don Eladio Cerino es un auténtico "criador" de animales, una autoridad indiscutible en la materia. Su historia está estrechamente vinculada con la raza Holando Argentino, cuyos ejemplares le otorgaron un lugar de privilegio en nuestro país.

 

Si bien hace varios años que abandonó su actividad como cabañero, no ha podido alejar su corazón del campo al que sigue disfrutando y en el que está abocado, con pasión, a la conformación de un museo de maquinarias rurales, la colección de carruajes antiguos y una buena tropilla de caballos a la que ama.

 

Siempre recuerda que "un buen caballo es el mejor regalo de la naturaleza". Inolvidable había resultado aquel remate de los animales criados en su cabaña "Santa Lucía" cuando, en 1988, los hermanos Darío y Eladio decidieron desprenderse de sus mejores ejemplares. Unas 4.500 personas, entre ellas notorios funcionarios nacionales y dirigentes ruralistas, habían llegado a San Francisco para la histórica subasta de una cabaña que supo tener varios campeones en Palermo.

 

En otro orden, desde sus años adolescentes, Eladio supo provocar admiración por sus cualidades como jinete. Con su porte erguido, se lució en la práctica de la equitación y nunca dejará de evocar que, entre 1950 y 1955, participó en los mejores encuentros hípicos del país. Actualmente, en su estancia Santa Lucía, don Eladio posee 42 caballos, además de algunas mulas enanas, petisos pintados y potrillos de distintas razas. "Todos tienen para mí un significado especial", dice.

 

"Al campo uno le tiene un cariño especial. Venimos de generaciones de gente de campo y estamos convencidos de que no hay nada mejor que estar vinculado con la naturaleza y la cría de animales", afirma. Y agrega: "Yo amo al caballo porque es el más noble de los animales. Su presencia a mi lado me ayuda a vivir. Cuando apenas era un niño, salía a las 4 de la mañana a arar con siete caballos; pasaba muchas horas con la única compañía de esos siete poderosos percherones. Será por eso, que nunca pude vivir sin un caballo cerca y hasta el día de hoy, con mis 76 años, sigo amansándolos. Son once en total, todos con historia".

 

Coches sin motor

 

Con el paso del tiempo, nació su entusiasmo por los carruajes antiguos. Fue así, que comenzaron a convertirse en su gran pasión. Le atrajeron sus historias que sabían de caminos de tierra, jornadas rudas de trabajo o coquetos paseos de familias acomodadas. También se sintió aún más ligado a sus amados caballos, "motores" de estos coches sin motor.

 

Hoy, celosamente protegidos, en un gran galpón de la Santa Lucía, se pueden encontrar once vehículos del pasado, todos ellos verdaderas joyas para admirar. Hay sopandas, berlinas, carretas, chatas, volantas y sulkys.

 

Algunos tienen ruedas gigantescas. Otros atraen por sus detalles de lujo: almohadones, tapizados de terciopelo, cortinados de finas telas, adornos de bronce, escudos en la puerta, etc. No se puede dejar de admirarlos, todos encierran una historia y don Eladio, no deja a nadie sin disfrutar con su relato. "Venga, vamos a dar una vuelta", no se cansa de invitar y no hay fiesta patria que no lo encuentre paseando por las calles empedradas de su "pago chico", en uno de sus prolijos carruajes de antaño tirado por sus mansos caballos.

 

Lo acompaña su esposa Raquel y ambos lucen pintorescos vestidos de época. "Para nosotros, es un verdadero placer mostrar a las nuevas generaciones cómo eran los medios de transporte de principios del siglo pasado", dice.

 

Tiene carruajes de paseo y otros de trabajo. Conserva aquellos que desde niño le fueron útiles en su propio campo, para transportar las grandes parvas de forraje y exhibe, orgulloso, otros que pertenecieron a estancieros de su región y de tierras bonaerenses, que fueron cuidadosamente restaurados para servir hoy como muestras de un comienzo histórico nacional.

 

Símbolos de una época

 

Hay mucho para mostrar y don Eladio prefiere empezar con esa chata, de gran uso en nuestra campaña, robusta y de notoria capacidad. "Puede cargar hasta 10 mil kilos, la tiran 8 caballos y es, como yo, modelo 1928", explica. La mantiene en inmejorables condiciones. Otro dato para destacar: sus ruedas traseras son gigantescas, miden 2,20 metros y pesan 230 kilos ¡La chata completa pesa 2.300 kilos!

 

La rescató en un campo del centro de la provincia de Córdoba, perteneciente a una familia de origen francés. "Los primeros carruajes eran importados y otros, como esta chata, fueron fabricados en nuestro país. Las mejores fábricas estaban en el interior, precisamente en pueblos de campaña".

 

Apasionado, anda por los campos intentando el rescate de carruajes en desuso, tirados, desprotegidos, olvidados. A nadie les interesan, pero a don Eladio le llenan el corazón.

 

Otra reliquia de la Santa Lucía: un carruaje de mimbre con forma circular. Pintoresco como pocos. "Lo utilizaba, por allá por 1890, nada menos que el ilustre José Bernardo Iturraspe, gobernador de la provincia de Santa Fe y fundador de varias colonias de la pampa gringa, para lucirse junto con su esposa en las polvorientas calles", relata Cerino.

 

Sofisticada, suntuosa en extremo: es la negra berlina. La "niña mimada" entre los carruajes de épocas pasadas. "Es un coche cerrado con cuatro asientos. Todo su interior está revestido con terciopelo negro, el mismo color que exhibe por fuera. Se la llama "berlina", por provenir de Berlín la primera que se fabricó. La nuestra mantiene intacto el sello de la fábrica francesa que le dio origen en el año 1890."

 

El valor económico de esta colección, no es tenido en cuenta por don Eladio. "Es parte del corazón y de mi vida. Nunca los vendería. Mientras yo viva, estarán a mi lado, después, mis hijos decidirán", señaló.

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