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El amor en nuestros días

Por Armando Maronese - 12 de Julio, 2005, 2:28, Categoría: Opinión

Hoy, en este año 2005, que nos encuentra unidos para algunos temas y disgregados para otros, es un tiempo en donde los jóvenes se encuentran con ciertos mensajes contradictorios que los adultos les envían y, que muchas veces, no saben decodificarlos, o bien, tratan de tomar lo que más les conviene para su bienestar pasajero.  

Por un lado, se habla que el joven debe trabajar y ser dinámico, pero para que deje de molestar, se lo inserta durante horas detrás de un televisor o una computadora. Se dice que los adolescentes deben llevar una vida sana, y son los mismos adultos los que les proveen el dinero para que se los gasten en vicios, siendo los mismos adultos los que los venden: cigarrillos, alcohol, drogas.

Pero hay algo mucho más grave (si se puede) que todo esto. Es la imagen del amor que la sociedad le tiene reservado a nuestros niños y jóvenes. Por un lado, nos rasgamos las vestiduras profesando la importancia del matrimonio, pero, a la par se hace un culto a la infidelidad, donde hasta parece natural que el hombre se dé un "descanso" con otra mujer que no es su esposa; o bien los continuos divorcios, que llevan a una alarmante cadena de vínculos familiares confusos, donde muchas veces dos desconocidos pueden llegar a ser hermanos.

Prodigamos, en muchos casos, la hermosa obra que realizó la Madre Teresa de Calcuta, donde nos derretimos en elogios y horas de filosofías sobre el tema, pero cuando un carenciado toca nuestra puerta para solicitar nuestra ayuda, no hacemos otra cosa (si estamos de ánimo) que entregarle un pedazo de pan que desechamos o alguna moneda que anda dando vueltas en nuestros bolsillos.

En charlas de bar, elaboramos propósitos tan altruistas que nos tendrían que llevar a ser nominados al Novel de la Paz, pero que a la primera opinión en disonancia con la nuestra, nos levantamos gritando y dando un portazo.

¿De qué amor le estamos hablando a nuestros jóvenes, si somos capaces de organizar guerras por conflictos que ya ni nos acordamos; somos capaces de quitarles a nuestros abuelos jubilados, la alegría de pasar sus últimos días con dignidad, enviándolos a geriátricos por que molestan o por desviar los fondos de sus jubilaciones para pagar lujos casi siempre superfluos; somos capaces de juzgar a todos como ineptos y corruptos y echarle la culpa de todas las desgracias de nuestro país a los gobernantes, pero a la vez somos los mismos que pagamos una coima para que no nos hagan una infracción por pasar un semáforo en rojo, o estamos atentos a las corridas cambiarias; o si hay algún remate donde conozca algún martillero amigo, que me "consiga" algo por bajo precio?.

Podría continuar enumerando muchísimas contradicciones a las que sometemos a los jóvenes de nuestro tiempo. Debemos dejar de ser hipócritas y mirarnos adentro, observar cada una de nuestras acciones y tratar de corregirlas para nuestro bien, y para ejemplo de los más chicos, si es que queremos llegar a tener una sociedad justa.

Tenemos que hacer carne el amor y lograr amar. No debemos olvidarnos que "lo más grande de todo es el amor" y con amor, conquistaremos esas almas que sufren día a día, esas personitas que a diario son juzgadas, pero no comprendidas, que a menudo se sienten solas y desamparadas en este mundo de adultos. Con amor, haremos que el futuro del mundo sea mucho mejor.

Para terminar, me permito citar un pasaje que se denomina "La preeminencia del amor", en esta hermosa definición:

Aunque yo hablara todos los idiomas, si no tengo amor, soy simplemente como una campana que no resuena.

Aunque tuviera el don de la profecía, conociera todos los misterios y todas las ciencias, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de mover montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes a los necesitados y entregara mi cuerpo al dolor, si no tengo amor, no me sirve para nada.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá, porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.

Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.

Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño.

Ahora veo como en un espejo, confusamente, después veré cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente, después conoceré como Dios me conoce a mí.

Aprendí a tener fe, a tener esperanza, a tener amor; pero con el paso del tiempo, me di cuenta que de esas tres cosas, la más grande de todas, es el amor. (1ª Cor 13, 1-13)

¿No les parece?

AM

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