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Inversión de roles

Por Armando Maronese - 10 de Julio, 2005, 2:05, Categoría: Opinión

Lazos de sangre: la difícil convivencia de hijos adultos con padres longevos. Casos difíciles. Conflicto relacional. Tolerancia y respeto hacia el otro. Que difícil se me hace ponerle un título exacto. Cualquiera de los de arriba puede servir.  

Comenzaré diciendo algo muy importante y que sería bueno no olvidar: años atrás, los viejos, nuestros abuelos, cuidaban de toda la familia. Eran como los antiguos jefes de las tribus indígenas y a los cuales, sus descendientes siempre se dirigían a pedirles consejos y, a la vez, eran respetados no sólo por ser jefes, sino por ser viejos. La ancianidad, era un símbolo de respeto casi sagrado.

En la actualidad, sabemos que cada día que pasa, se acentúa más la inversión de roles.

La prolongación de la vida de las personas, que viene en aumento en los últimos años en la Argentina, como en cualquier otro país del mundo, está generando que cada vez más padres convivan con sus hijos adultos mayores, nietos y en algunos casos, también con bisnietos.

Cada vez es más habitual la convivencia entre tres o cuatro generaciones de parientes directos, con sus abismales diferencias históricas que, indefectiblemente, generan roces relacionales.

En este nuevo contexto social, se establece la necesidad de replantearse un nuevo marco "conceptual", en las relaciones que antiguamente se acotaban a padres, hijos y nietos.

El desarrollo de las ciencias; la erradicación de "tabúes" que se reducían al mundo interior de las personas; la implementación de nuevas tecnologías que posibilitan una mejor calidad de vida y la mayor información disponible en el mercado, son algunas de las causas que posibilitan que años tras año, la expectativa de vida poblacional y la convivencia entre familiares de distintas generaciones se incremente.

La convivencia entre bisabuelos, abuelos, padres e hijos, establece la necesidad de implementar un nuevo paradigma para trabajar sobre estos puntos críticos.

Actualmente, la vejez es el período más largo del ser humano y que en estos tiempos de aceleración científica, está acrecentándose ostensiblemente el número de gente que vive hasta los 90 años y también más.

En alusión a la convivencia actual que se establece entre estas generaciones, sabemos que varios años atrás regían otras pautas culturales y otro sistema de vida.

En tanto hoy en día, las personas que llegan a los 80 años deben adaptarse a sus hijos, sus nietos y aún sus bisnietos y esta situación, se torna muy difícil si se considera la carga histórica de estos adultos.

Cuando los hijos nacen son dependientes y sus padres dadores. En la actualidad esta situación se está revirtiendo: "cuando estos últimos llegan a la ancianidad, los hijos se vuelven dadores con padres dependientes".

En alusión a esta "mecánica" social, que se establece en forma recurrente en muchísimos hogares, y para mejorar esta situación de convivencia: "no debería existir inversión de roles, no hay que cambiarlo de habitat al anciano"; inclusive cuando se los traslada a un centro de internación o geriátrico, no debe realizarse en forma violenta, y cuanto más información se le otorgue será mejor.

Tolerancia

Una de las diferencias sustanciales, está vinculada al modo de vida "relacional" de los ancianos mayores de 80 años, que residen en el medio rural y en el urbano.

Mientras los que viven en la ciudad, dejan su rol de poder una vez llegados a esa edad, los que viven toda su vida en la ruralidad, no pierden jerarquía ni su sociabilidad, ya que estos siempre tienen menores a cargo (nietos y aún bisnietos).

Además de las diferencias en los parámetros de convivencia, los ancianos rurales y urbanos, viven de manera diferente hasta una patología. Mientras que los que viven en el campo tal vez puedan estar años sin enterarse de alguna enfermedad; el anciano de la ciudad acude al médico, en compañía de sus hijos.

Frente a esta cruel realidad, la gran existencia de poblaciones longevas, está ligada insoslayablemente al contexto social en el que están insertas.

Una de las apreciaciones que en relación a la ancianidad, habitualmente es "vox populi" en la sociedad, es la noción que el carácter de la persona cambia por la edad: que los abuelos rezongan, gritan y demás, por el tiempo de vida que les queda y no es tan así.

Con el propósito de desmitificar algunos de las creencias, "que habitualmente revisten de paciencia a los hijos mayores", pero otras veces no, el viejo es en su vejez, lo que fue en la juventud. Si hoy es avaro o no, antes también fue así, pero lo que va perdiendo es el roce social.

En este contexto de permanente conflicto relacional, adquiere especial significado la tolerancia entre todos los integrantes, teniendo en consideración que, para una persona de 80-90 años, es muy difícil adaptarse a un ámbito en el que convive con su hijo (que a la vez es un adulto mayor), sus nietos y puede ser que también sus bisnietos. Además, el anciano, casi siempre vive en contextos no adecuados para que cada uno tenga su espacio y que a la vez, sea aceptado por los demás. Lamentablemente, usualmente no lo es, y el anciano es derivado a un geriátrico o casa para ancianos, pero no por los viejos, sino para sacarse un peso y un problema de encima.

La aceptación en este marco de convivencia, en donde se entremezclan la carga emotiva e histórica de tres o cuatro generaciones, la posibilidad de establecer un ámbito de tolerancia se dificulta, sin tener en cuenta que, el camino hacia la armonía familiar, encuentra su fundamento en la tolerancia y el respeto hacia el "otro": ese tan importante lazo de sangre.

Para pensar, ¿no les parece?

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AM

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