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Romance en la oficina, ¿sí o no?.

Por Armando Maronese - 7 de Julio, 2005, 3:10, Categoría: Opinión

Últimamente, han crecido mucho, los casos de amoríos entre colegas de trabajo. Pero..., ¿es beneficioso o perjudicial para sus protagonistas?.

Nuestro actual mundo, tan competitivo, requiere que la mayoría de los empleados pasen largas horas en sus trabajos, intentando llevar a las empresas donde trabajan, al tope dentro de la escala comercial, o cuanto menos evitar que la misma se hunda a causa las empresas rivales.

Por supuesto, esto tiene sus repercusiones en el estilo de vida que llevarán estos mismos empleados, quienes tendrán menos tiempo -y, posiblemente energías, luego de un arduo día o una extenuante semana laboral-, como para desarrollar otras actividades sociales, que los pongan en contacto con otras personas.

Por lo tanto, se puede encontrar empleados que no tienen ocasiones para insertarse en otros ámbitos por fuera del laboral, y que deben pasar de 8 a 14 horas en sus puestos de trabajo, lapso en el cual entrarán en un fluido contacto con personas del sexo opuesto, quienes podrán amenizarles en muchos momentos, los largos tiempos que allí se viven y viceversa.

La fórmula, tiene un resultado predecible, casi inexorable: romance en el trabajo. Y con él, todo un mundo de nuevas experiencias, tanto profesionales como sentimentales y ello, es cada vez más común.

 

El hecho que los empleados pasen cada vez más tiempo en sus trabajos y, por lo tanto, menos en otros ámbitos, provoca que sea cada vez más común que los romances comiencen en estos sitios.

Tan extendida se encuentra esta práctica, que muchas empresas comenzaron a abandonar las directivas de desalentar el amor en sus lugares de trabajo e incluso, algunas lo creen conveniente, pues piensan que esto mejora el clima laboral y hace al empleado más productivo.

Claro que esto no significa, que las empresas den vía libre para las relaciones sentimentales entre compañeros de trabajo. La mayoría de ellas no ven con malos ojos que esto se produzcan, aunque si tienen reglas al respecto.

En este sentido, es muy común que si la relación es entre un superior y su subordinado, alguno de los dos sea trasladado de sector, pues en caso contrario, se sabe que existirán favoritismos hacia ese subordinado, relegando a otros compañeros de trabajo que se encuentran en un mismo nivel.

En el caso que los empleados sean de un mismo nivel jerárquico, las aguas están divididas. En algunos casos, no existen mayores problemas al respecto, pues de hecho se cree que eso puede ser un buen incentivo, pero sin embargo, para otras empresas, esto no está tan claro, con lo que también pueden inclinarse por un traslado de alguno de ellos a otro sector de la misma.

Los responsables de estas compañías, aducen que dichos romances generan  distracción entre los compañeros de trabajo, así como también la distracción por parte de los miembros de la pareja, ya sea por demostrarse su amor, o por ocultarlo de sus compañeros, pierden tiempo de trabajo y productividad.

Un camino casi inexorable

 

De todas formas, parece ser muy difícil que las empresas puedan seguir teniendo esta política, pues como se puede observar, el creciente hábito de tener empleados "full-time" está provocando, que muchos de ellos, sólo puedan relacionarse dentro de sus ámbitos laborales.

Además, como es evidente, con la gran cantidad de horas trabajando y la carestía de la vida en forma ascendente, hubo un decaimiento de salidas nocturnas, a reuniones bailables y otros espacios comunitarios, lo cual hace que ya no existan muchos de los canales por los que antaño se conseguía pareja.

Pero por supuesto, no es únicamente la falta de alternativas externas lo que induce al amor dentro de la oficina, pues el tiempo que se pasa junto al otro también cuenta. Y mucho.

Sucede, que el enamoramiento tiene también que ver con la cercanía al prójimo, por lo que no es extraño que, luego de tantas horas y situaciones vividas en conjunto, pueda llegar a nacer el amor.

Según los especialistas, esto se potencia en el trabajo por una serie de factores, que tienen que ver con la carga y energía que allí se pone, como con el apoyo que se requiere para soportar las horas de tedio y/o presión.

Sigmund Freud sostiene, que lo que define a un hombre sano, es su capacidad de amar y trabajar. Por ello, no es extraño que el vínculo laboral que se tiene con un compañero de trabajo, derive también en uno afectivo, que bien podrá ser amoroso.

Por otro lado, la empresa laboral que puede brindar la otra parte, cuando uno de los empleados está haciendo frente a las dificultades del trabajo, puede significar un apoyo emocional que va mucho más allá de la asistencia profesional.

Una mujer más presente

 

Otro de los factores que influye para que se presente este crecimiento exponencial de las relaciones amorosas dentro del trabajo, tiene que ver con una mayor presencia de la mujer dentro del ámbito laboral.

En efecto, la mujer de hoy en día, ya no se limita a quedarse entre las cuatro paredes del hogar, sino que tiene, por un motivo u otro, un rol mucho más activo, lo que se verifica también en su mayor inserción laboral.

De hecho se calcula, que la participación de la mujer dentro de la esfera laboral, creció de un 25 a un 35 por ciento en la década del noventa, lo que, presumiblemente, trajo aparejado una mayor interacción entre hombres y mujeres.

Incluso, esta mayor participación fue ampliando también la democratización de las relaciones laborales, por lo que si antes las mujeres debían tener un rol de sumisión frente a los hombres, lo que dificultaba para ambos la chance de mantener un contacto más personal, hoy en día la interacción suele ser mucho más pareja y, con ella, la posibilidad de que emerjan puntos en común.

Rasgos particulares

 

La interacción fluida a la que hago referencia, es otro de los puntos que explica estas relaciones. Si uno piensa en como se relacionan las personas en una discoteca, bar, confitería bailable u otro ámbito público, se podrá ver que existe gran desconfianza al respecto, pues nunca se tiene la seguridad que la otra persona sea lo que diga o aparente ser.

En el trabajo, por el contrario, no es nada raro que uno conozca bastante de la vida de sus compañeros, con lo que las barreras disminuyen y existe una mayor seguridad en el trato personal.

Esto se potencia, señalan los especialistas, en el caso de las grandes compañías, donde el contacto entre las personas no es lo tan próximo como para que resulte tedioso o cansador, ni tan lejano como para que no exista alguna vía de comunicación.

Es recomendable tener en cuenta, finalmente, sólo un par de factores. El primero tiene que ver con darse cuenta si el amor no es, en realidad, simplemente una vía de escape del trabajo, y en el caso de que no sea así, que no afecte el rendimiento laboral.

Si se cree que lo que en realidad sucede tiene que ver con este primer caso, es decir que la búsqueda de una compañía esta motivada por el deseo de que las horas pasen más rápido o se calmen las angustias luego de efectuar un trabajo complejo, antes que por la experiencia del amor en sí misma, será prudente saber que esa especie de relación podrá desvanecerse al poco tiempo, por lo que no sería bueno apostar demasiado a ella.

Si el amor persiste en el tiempo, y se llega a tener el convencimiento que se está enamorado, sólo restará tener cuidado de no desatender las obligaciones laborales, pues en tiempos de crisis económica, ningún adulto puede darse el lujo de vivir un despreocupado romance adolescente.

Pero de todas formas, los especialistas sostienen que esto no es frecuente que suceda. De hecho, el romance en la oficina es también una excusa para vestirse mejor, mostrarse más activo y productivo, y disfrutar más del trabajo que se desarrolla junto con el ser amado, lo cual es una combinación que beneficia a la empresa y al empleado mismo, tanto en su fase laboral como sentimental.

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