Calendario

<<   Julio 2005  >>
LMMiJVSD
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Archivos

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog

Querer el bien y perseguirlo con fuerza

Por Armando Maronese - 5 de Julio, 2005, 3:38, Categoría: Opinión

A menudo, nos sentimos incómodos cuando debemos tomar una decisión. Si he sido ofendido, si he sufrido una injusticia, si quiero ayudar a una persona con problemas, ¿qué hacer?

Puedo tomar una decisión, pero ¿será la correcta? ¿No corro el peligro de que perdonando esté favoreciendo la arrogancia de los prepotentes? Siempre se corre el riesgo de tomar la decisión equivocada, aun con las mejores intenciones............ 

Algunos superan esta indecisión siguiendo el consejo de personas sabias, equilibradas, de mucha experiencia. También, encontramos a hombres y mujeres que, después de escuchar la palabra de aquel que ha oficiado el rito de su religión, le preguntan qué tienen que hacer. La misma actitud la hallamos en los jóvenes, que quieren seguir la vida religiosa y se preguntan qué deben hacer. Lo que deben hacer, es aprender a discernir, para no vivir como los niños, incapaces de decidir: "¿Por qué no sabemos juzgar por nosotros mismos lo que es justo?".

Fuimos creados para ser responsables de nuestras vidas y tenemos que aprender a conducirnos en las dificultades de la existencia. ¿Cómo? Cultivando en nosotros la prudencia, que es la primera de las virtudes cardinales.

La prudencia conlleva el conocimiento y la voluntad: investiga el bien concreto (momento cognoscitivo), y, luego, mueve a la persona a realizar lo que ha elegido como un bien (momento volitivo). Sin embargo, no es fácil llegar a esto. Si padezco una injusticia, me pregunto cómo tengo que reaccionar. Lo primero que hay que examinar, en este caso, es la voluntad. ¿Qué quiero? ¿Vengarme o comportarme bien y perdonar? 

 

De la respuesta dependen los pasos siguientes. Si decido reaccionar de manera constructiva, entonces pongo en funcionamiento la razón para buscar, entre las muchas decisiones posibles, aquella que, concretamente, realiza no sólo mi bien personal, sino también el de la persona que me ha ofendido, y de la comunidad. 

 

En esta búsqueda, la razón es ayudada por tres factores:

- el análisis del caso: quién ha cometido la injusticia, qué ha hecho, por qué, con qué finalidad, etcétera;

- la comparación con situaciones parecidas, guardadas en la memoria y en la experiencia propia y ajena: cómo han sido solucionados casos parecidos, qué resultados se han obtenido, etc...

-  la previsión de los efectos, que la decisión producirá en las personas y en la comunidad: qué consecuencias se derivarán de la decisión tomada… ¿Servirá para restablecer la justicia o generará otros males? 

 

Aquí, también entran en juego algunas actitudes interiores. Por una parte, la docilidad que lleva a pedir consejo a quien posee más sabiduría y experiencia; por otra, el análisis de mi razón para constatar si  funciona bien y si está libre de los prejuicios que condicionan, en gran medida, la búsqueda de la verdad; y, más todavía, un examen de mis tendencias, para ver si, en ellas, se anidan fuerzas que pueden arrastrar la voluntad hacia el mal. 

 

Por ejemplo: es perfectamente inútil, que un juez sea preparado y quiera administrar genéricamente la justicia, si, a pesar de eso, se halla condicionado por prejuicios sobre la persona a la que debe juzgar, o si no posee la virtud de la fortaleza que le permita resistir a presiones externas, o bien, si no goza de la virtud de la templanza-clemencia, que lo facultan para proporcionar la pena al castigo, y, al mismo tiempo, tenga presente la recuperación del culpable, o si no ejerce la justicia que le impida dejarse llevar por eventuales intereses personales y emita un juicio ventajoso para sí mismo.

 

Una continua evaluación

 

Este somero análisis, ayuda a entender cómo un acto de verdadera prudencia, exige una continua evaluación y revisión de las fuerzas intelectuales y morales. Basta tan sólo la presencia de un prejuicio o una fuerte inclinación viciosa, para comprometer seriamente toda la actividad de búsqueda y elección de la verdad. Para elegir sabiamente, es necesaria, también, la presencia de nuestro equilibro emocional, con los dones de la sabiduría, del intelecto y del consejo. Con la prudencia, sustentada por esos dones de nuestro espíritu, el ser humano se capacita para moverse debidamente, en la difícil tarea de desarrollarse como hombre, como jefe de familia y como padre. 

.

¿No les parece?

AM

*

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

Blog alojado en ZoomBlog.com